Viendo una revista
observé una estrella tan lejana,
sobre un verde campo
que iluminaba casi poco.
Mas el verde no era verde
como se pintaba.
Simplemente
el verde campo era amarillo.
la estrella lejana
no iliminaba tanto.
hasta tal punto que el campo
era el reflejo de tu alma
que no quería verse tanto.
Era a veces como el agua
otras veces…
era de un colo oscuro,
aunque era amarillo
y no verde.
Tan sólo se mostraba
de un color a otro
y no te mostrabas
tal como eras.
Aunque tu alma
no era la octava maravilla
pero antes que tú te avengonzaras
era mejor que seas «tú» entre unas comillas
y no el verde con que se mira ahora.