NO ES EL MEJOR EJEMPLO


No es el mejor ejemplo que un presidente de España, que goza en general del respeto patrio, de un considerable sueldo y, ¿por qué no decirlo?, de prebendas y canonjías, se tome la libertad de hacer{ fúting} fuera de su casa cuando la inmensa mayoría de ciudadanos están confinados (permítaseme expresarlo a mi modo) durante un mes en {prisión preventiva}. Sin embargo, no pretendo hacer sangre con mi enfado, porque don Mariano Rajoy es un español más al que se le debe ofrecer una nueva oportunidad. Para que rectifique y se perdone a sí mismo por tan lamentable licencia.


Estamos atravesando una etapa dura, a cuya escabrosa senda no se le ve el final. El pueblo sufre las consecuencias que todos conocemos, por lo que merece el respeto a su sacrificio. Muchos de quienes se atreven a contravenir los preceptos emanados de la autoridad son sancionados e incluso privados de libertad en función de la falta o delito cometido. En ningún caso deseo que a cualquiera de nuestros presidentes se le impute por la responsabilidad de un hecho reprobable, y mucho menos por ejercitar los músculos en la calle; pero tampoco quiero que cualquier súbdito quede privado de la libertad que la Carta Magna le concede. En este caso, su derecho a la crítica, que voy a permitirme.


Don Mariano, yo tengo una edad bastante superior a la suya, acompañada de ciertas patologías que demandan, al menos en mi caso, el sacrificio diario de culminar una caminata de cuatro o cinco kilómetros. No puedo permitirme ese ejercicio porque, incluso si pudiese realizarlo, la mascarilla me dificultaría seriamente la respiración. Usted dispone de posibilidades expansivas de las que yo carezco: no soy propietario de chalet; tampoco tengo medios económicos para instalarme en casa un gimnasio, aunque, eso sí, por mor de la caridad divina y la grandeza humana, dispongo de una terraza donde poder gratificar el alma con el panorama telúrico de una orografía esplendida, ¡y el mar!, don Mariano. La mar que agranda mis sentimientos. Usted, en cambio, es poseedor del aprecio de millones de españoles. No los defraude con posturas egoístas, ni con humillantes muestras de soberbia. España necesita de todos los españoles sin excepción; no quiera entronizarse para que algún día le adoren al pie de una hornacina, o que le maldiga el pueblo que le votó. Excelencia, busque en la humildad el aprecio de los españoles; incluso de los que, erigiéndose en paladines de nuestra nación, están condenándola día a día con vivas que despiertan a los muertos.


César Rubio Aracil