Veía en sus ojos abiertos,
entre mundos compasivos y firmes,
bellos mensajes de amor,
reflexiones profundas,
caminos etéreos,
santuarios de Poder y Grandeza,
majestuosos carros dorados.
Al penetrar en ellos,
comprendí el valor de la Belleza,
de la Luz y del Amor.
Y cuando mis pensamientos
abrieron su glorioso amanecer,
el éxtasis de unas sensaciones puras
y unos sentimientos elevados,
llenaron mi cuerpo Universal.
Cuando el firmamento exploró en mi cuerpo
e investigó en el futuro de mi alma,
la Ley Universal
permitió que mi ser dorado
sintiera la Esencia Universal.
En el flujo de su Rayo Sagrado
y de su Fuente Mágica,
el aprendizaje de mi alma y cuerpo
acompañó a unos Angeles eternos.
Allá donde elevé mi mirada
y sentí la corriente de puro Entendimiento,
fue donde percibí mi auténtico ser Divino.