¡Menos Mal!

¡MENOS MAL!



     Fue como una puñalada en pleno pecho enfrentar la escena.
El trámite era breve, por eso no conectó la alarma. Cuando volvió la visión fue caótica, el pasacassette no estaba, el panel hecho trizas, lo único favorable era que la pequeña trampa que había colocado en el encendido impidió el robo del vehículo.  De pronto se calmó.
     – Menos mal que no los vi, – se dijo, – menos mal que no me vieron, menos mal que no me mataron.
     El “menos mal” resignado se le clavó en el pecho como una picadura de escorpión.