«Mary Reilly»

Podrás verme en la mirada que poseo esta noche.

¿Podrás no intentar mi muerte

para seguir siendo mío?

Serán mis labios

los que impidan tu suicidio entre mi ausencia.

El amor vence a la hazaña y a cualquier deseo virgen

que no aclare sus mañanas

siendo frescas, coloridas

siendo sabias.

El amor vence penumbras

que padecen añoranzas del vacío.

Sigo ingenua. Ya me asusto

de malicias, de congojas, de nostalgias.

Ya me asusto de mi muerte y tu piedad.

Ya me asusto en tu veneno. Pero vuelvo.

Aquí estoy, aunque no entiendo.

Aquí estoy. Aquí, mi llanto

que te dice ya que sí, que hubiese

aprendido a perdonarte.

Soy decoro, soy tinieblas.

¿Podrá ser tu consecuencia

tu perdón y tu dulzura?

Soy tu muerte, la que me salva la vida.

La elegida: esa soy yo.

Deja, entonces, de importarme

lo que el mundo piense

o que el mundo me piense.

Y me voy tras de tus huellas

porque antes de haber nacido

ya sabía perdonarte.