Maria y Juan
Todas las mañanas muy temprano, Maria va hacia la orilla del mar, muy cerca de la desembocadura del río, allí mira hacia el horizonte en busca de algún bote, en busca de alguna señal que le indique la cercanía de alguna embarcación. Va a esperar la llegada de Juan su “marío”.Luego se dirige a la gran roca, donde la montaña hace una punta y se interna en el mar, dejando una protuberancia muy grande, donde los muchachos van a pescar con sus anzuelos de orilla, donde se estrellan las olas en los días en que el mar se pone bravo, pareciera que allí dejara su furia, tratando de cubrir con su espuma y agua, la gran mole que espera con paciencia de años el largo batir.
Maria, espera con paciencia, Juan al principio, venía todas las semanas sin fallar, después se fue alejando, venía cada quince días, y ahora tiene un mes que no viene
Maria lo espera con sus nueve meses de embarazo, viene acompañada con sus amigas, la Luisa y la Negra. Ambas vienen también preñadas de Juan, -eran las que le hacían la cuaresma-.
María sigue esperando, va con sus largas trenzas a la orilla, a hablar con su hijo, a contarle cosas de su padre, los triunfos conseguidos por él, en estos meses de separación. Juan fue contratado por los Turistas que vinieron un día y lo vieron jugar el béisbol. Un muchacho con un buen brazo y unas aptitudes innatas para este juego.
Hoy viene Juan en el bote, viene vestido con su blanco uniforme, con un gran número en la espalda, con su pantalón ceñido, viene derrochando sonrisa, hoy todos los niños del pueblo acompañan a María, van todos a recibirlos. Juan viene lleno de regalos para todos; bates de béisbol, guantines, zapatos, y a todos los niños les regala algo. Todos se van satisfechos. Maria y Juan quedan solos, se abrazan, se cuentan sus cosas, mira a las amigas y les hace un gesto de silencio. La negra tiene tres meses de embarazo, todavía no se le nota y la Luisa lleva uno. Cada vez que Juan viene al pueblo ellas lo visitan.
Juan se despide, pasó una semana con ellos, se va con su ayudante, el Pedro, lo contrataron para ayudar a Juan en el equipo y a los demás jugadores y para llevar cosas .Él camina muy orondo y casi no saluda a nadie, va cargando las cosas en su espalda mira hacia el cielo y en silencio se monta en el bote, desde que lo hicieron ayudante es así, no trata a nadie parece que el famoso fuese él…..
Maria está de nuevo en la orilla hoy lleva a su niño en el brazo le cuentas historias de pescadores le cuenta historias de los negros, cuando todos vivían del cacao, cuando eran esclavos, y cuando vino un señor y los liberó. Con sus ojos negros y tristes y una mirada lánguida mira el horizonte, y le sigue hablando al niño, le cuenta más historias, le cuenta sobre el río y los parajes , le cuenta de cómo llegaron ellos a la costa, a habitar la zona, le cuenta todas las atribulaciones que pasaron sus padres y abuelos, cuando fueron traídos en los barcos negreros, le habla sobre los campos, de las montañas, de las siembras, de la zafra y el coco, de la pesca, de las nasas, de los cangrejos, de los habitantes y sus costumbres, de los bailes y tambores y de la grandes parrandas en las noche de luna, bailando al compás de los tambores que retumban en la playa compitiendo con el rugir de la olas. Le cuenta que él será famoso como el padre, un gran beisbolista, o aun más, un gran deportista, y si estudia, pues, un abogado o un gran señor.
Ella continua esperando porque Juan cada vez viene menos, antes venía semanalmente, luego cada fin de mes, ahora ya lleva tiempo y se encuentra muy angustiada
La acompañan sus amigas, ahí están barrigonas, todas miran hacia el horizonte y esperan…..
Juan tiene tiempo sin volver, la fama y el dinero…….
Ellas esperan…………….