Los nacionalismos (I)

LOS NACIONALISMOS (I)

¿Qué se persigue con la idea del nacionalismo, en un momento histórico como el que estamos viviendo, cuando la vieja Europa trata de unirse y los EE.UU. de América, con su prepotencia armamentística, su peligroso sentimiento patriótico y su desprecio por la libertad de otros pueblos intenta -y lo está logrando- hacerse con el poder energético mundial para mantener «in aeternum» la hegemonía capitalista que le es favorable? ¿En qué están pensando los vascos, los catalanes y los gallegos exclusivistas, cuando se valen de la ignorancia política e histórica de los votantes? ¿Creen realmente, a estas alturas, que las señas de identidad de un pueblo (su cultura, costumbres, lengua y personalidad) se pueden perpetuar en el aislacionismo que propugnan? ¿Son tan ignorantes los dirigentes separatistas como para no entender que las banderas y los segregacionismos (porque los nacionalistas también tienen muy en cuenta lo que consideran sus valores étnicos), en conjunción con las religiones y el Poder, han conseguido degenerar la conciencia humana hasta atomizarla y, por consiguiente, desnaturalizar su alma? Claro que lo saben. Lo que ignoran con su dudoso idealismo es que, agazapado tras su trasnochado ideario, se esconde el propio deseo de dominio sobre sus semejantes.
¿Cataluña sería más catalana gobernada por políticos derechistas? Nadie vaya a pensar que un auténtico partido de izquierdas podría prosperar en el reducido espacio de cuatro provincias. Eso también lo conocen los «preclaros» dirigentes que dialogan con ETA. Pero, como lo que realmente les interesa es el poder y saben a ciencia cierta que una vez aprobada la Constitución europea ya no habrá posibilidad alguna de que sus ambiciones se consoliden, juegan desesperadamente a ganar. Luego, en el improbable caso de salirse con la suya, incluso negociarían con Bush para entregar Cataluña a los yanquis. De igual manera pienso respecto a los vascos y a los gallegos.
Que España es un Estado plurinacional, no me cabe la menor duda. Que no se debe, ni se puede, perpetuar la lucha contra los nacionalismos, también lo sé. Pero queda por ver cuál sería la respuesta de vascos, catalanes y gallegos en el supuesto de un referéndum limpio. Porque los pueblos, aunque sumisos e indolentes, no son tontos. El PP desea la unidad de España no porque su instinto sea el de aglutinar la diversidad de conciencias, sino porque le conviene. Yo deseo algo más: la unidad del mundo partiendo de la combustión de banderas, cruces, medias lunas y demás símbolos disgregadores. Ésa es una de las notables diferencias que distinguen a los defensores de la paz de los otros: los que luchan por sentirse dioses, compitiendo con el Dios único que dicen defender cuando enarbolan Su nombre con fines mezquinos.
Acepto el nacionalismo pasivo; el que defiende las nobles características que lo distinguen de los demás pueblos, regiones y comarcas, pero favoreciendo la diversidad en la unidad. Que luchen por ello. Pero no lo harán. No les conviene. Lo que les interesa es resucitar los califatos, aunque sea con otro nombre. Ser califa contiene toda la erótica del poder.

César Rubio (Augustus).