LOS ECOS DEL SILENCIO

LOS ECOS DEL SILENCIO

 

CAPITULO I

 

EL TOQUE DEL ANGELUS

Al mediodía, los diez nobles bronces de la Concatedral de San Nicolas, repicaban al ángelus una y otra vez.El sonido era cadencioso, resultando más estridente el de los pequeños esquilones, que el de los grandes címbanos. Las vueltas y balanzas con su trémula y acentuada sonoridad percutían implacablemente el alma. La reverberación era tan intensa, que la vibrante resonancia aventaba con celeridad, los lienzos y paramentos de las gráciles contrucciones adyacentes al templo, como si estuviese retumbando el mismo cielo.

El acentuado tañido recordaba a los fieles la oración a la Virgen por la Anunciación del Hijo de Dios.

Bajo el fragoroso estruendo de aquellos metálicos ecos, que evocaban voces traidas del silencio, en las calles limítrofes a la Puerta Negra, la vida de los habitantes de la ciudad continuaba desarrollándose con absoluta normalidad. Las gentes deambulaban por la plaza del Abad Penalva, en dirección a la calle Mayor, ajenas al terrible suceso que estaba a punto de acontecer.

Una vez se hizo el silencio, tan sólo el fresco aliento del Levante músicalizaba la mañana alicantina. Este eufónico céfiro resonaba, en ocasiones, como una auténtica coral seráfica.

Inesperadamente, un violento y brutal impacto sobre el adoquinado pavimento de la calle Miguel Soler, vistió de tragedia la calenda.

Las gentes pronto abandonaron sus quehaceres cotidianos para acudir horrorizadas, a presenciar este espeluznante y funesto espectáculo de sangre y muerte.

Entre la multitud había quien señalaba a las escaleras de la cúpula de la concatedral, como el lugar desde donde habría caído el desfigurado agonizante

.

Otros argumentaban que se trataba de uno de los campaneros, que golpeado por el oscilante movimiento de algún campano, se habría precipitado al vacío desde lo alto de la torre.

Así, cuando todavía permanecía la muchedumbre elucubrando sobre las posibles causas de aquel hórrido suceso, entre el consecutivo barandaje de las solanas de la iglesia concatedralicia, se desplazaba la umbría silueta de un enigmático varón, que muy pronto desapareció de la vislumbre popular (…)