Enviado por David Ponce el Sáb, 12/12/2009 – 14:23.
Las apariencias engañan, dice el adagio popular. Es verdad, si no, veamos el callejón sin salida en que se ha metido el señor Porfirio Lobo Sosa, dizque presidente electo de Honduras. No es lo mismo tomarse a tiros y a fuerza de firmas y documentos falsos el engranaje institucional, que ser reconocido legítimamente por la mayoría de los ciudadanos, como se supone que debe
ocurrir en un acto legitimado por la participación ciudadana en elecciones legales
y normales.
Ayuno de calor popular, y con un ambiente internacional hostil a la dictadura que él ayudó a perpetuarse, el "presidente electo" arma una batahola alrededor de dos palabras que para él realmente no significan nada: "diálogo nacional", e invita a notorias figuras golpistas para que de tal misa negra salga "un plan de país", como él mismo lo definió.
¿Es posible que de tales artimañas pueda salir un "plan de país"? No se lo creen ni él ni sus amigotes golpistas. Se dice por ahí que van a ir con melosas palabras a hablar con gente de la Resistencia. ¿Es que todavía tienen cara de insinuar "acercamientos" después de todo lo que le han hecho al pueblo hondureño, representado ahora, en su mayoría, por la Resistencia Nacional?
Y como el teatro se compone de un acto tras otro, el teatro político del señor Lobo Sosa y compañía golpista montaron el siguiente acto: juntarse con Oscar Arias de Costa Rica y Martinelli de Panamá, el 8 de diciembre de 2009. Arias, sintiendo pasos de animal grande por reconocer unas elecciones señaladas por el mundo entero como ilegítimas, intenta ahora quedar bien con Dios (ya antes había quedado bien con el diablo) y le dice a Lobo Sosa que no hay nada de
nada si Micheletti no renuncia antes de tomar posesión de la presidencia. Es que para estos "demócratas" es importante "guardar apariencias".
No tengo información confirmada de un próximo viaje de Lobo Sosa a Colombia y Perú, cuyos gobiernos también reconocen el espurio proceso electoral en Honduras. Lo que sí ya es oficial es el anunciado no reconocimiento por parte de los países del Mercosur.
Lo dicho: Lobo Sosa y compañía golpista están acorralados y contra la pared. La mayoría de gobiernos no lo reconocen inequívocamente como el legítimo presidente de Honduras. ¿Por qué? Hasta la pregunta es necia. Solamente quienes quieran engañarse a sí mismos no se dan cuenta de que el legítimo presidente de los hondureños continúa siendo José Manuel Zelaya Rosales, y que las elecciones del 29 de noviembre no fueron elecciones genuinas, porque la soberanía popular estaba encarcelada en las ergástulas penitenciarias vigiladas por el enemigo número uno del pueblo hondureño: las Fuerzas Armadas de Honduras.
Ciertamente, no es lo mismo tener en las manos el control institucional otorgado por un golpe de Estado, que gobernar con la legitimidad que nace de la soberanía popular libremente expresada, como sí ocurrió con el presidente José Manuel Zelaya Rosales.
Por eso, Porfirio Lobo Sosa será siempre señalado como presidente ilegítimo, hijo bastardo del oprobioso golpe de Estado del 28 de junio de 2009, golpe que fue blanqueado para "guardar apariencias" en unas elecciones que, por espurias, fueron rechazadas por el setenta por
ciento de los ciudadanos.