Me arrepiento de haber abandonado todo aquel aroma a humedad, a reciente muerte; y si bien mi canción no es la misma ahora, ese vaho a olvido es tiernamente extrañable y entrañable; especialmente en un día como este, cuando da gusto salir a caminar.
Debo aceptarlo, ya no existís en esta tierra. No extraño exactamente tu presencia, sino lo que ella significa. Seguiré caminado sola, recorriendo estas calles húmedas; alegres ahora sin tus pies cansados, sin tu falta de vida que te introdujo en un mausoleo solitario y triste a la espera de otro ser inerte como yo que te entregue su muerte como yo lo hice; después de tanta vida echada a un lado, después de la catástrofe inmediatamente anterior; aquella con la que renacimos a una muerte nueva, una muerte mas digna, pacífica, y reconfortante…