«Llegan en el recreo, les hablan un rato y luego les venden la droga», asegura una madre de familia para denunciar a las personas que regularmente visitan el colegio La Palestina, en la calle 80 con carrera 76, para despacharles a los estudiantes dosis de marihuana y de otros alucinógenos.
La situación quedó en evidencia, la semana pasada, tras la muerte de William Agudelo, un humilde vigilante que fue asesinado a tiros por denunciar y enfrentar a los jíbaros de la zona, cercana al barrio Minuto de Dios, en Engativá.
Otro padre de familia, que prefirió no revelar su identidad, le dijo a EL TIEMPO que los expendedores realizan la transacción a través de las rejas que separan a la institución -con más de 18 años de tradición- con la calle. «En una reunión que el rector hizo a comienzos de año nos dijeron que por ahí afuera unos muchachos presionaban a los niños para que les compraran lo que ellos les ofrecían», contó el hombre, a quien le preocupa la situación, pues su hijo, de tan solo siete años, cursa segundo de primaria en ese plantel. En instituciones cercanas como el Instituto Superior Cooperativo, los mismos profesores vigilan a los alumnos durante el descanso para evitar que sean presas de los expendedores.
Juan Méndez, rector del colegio La Palestina, aseguró que a los estudiantes se les dictan charlas para evitar que se vuelvan clientes de los jíbaros. «Sabemos que algunos consumen dentro de la institución. Tenemos 1.500 estudiantes y de esos se han presentado unos siete u ocho casos de consumo. Cuando se detectan se le avisa a la familia», afirmó Méndez.
Por su parte, el coronel Nelson Díaz, comandante de la Policía de Engativá, les recomendó a los padres hacer las respectivas denuncias. Al rector lo invitó a realizar una solicitud para que las autoridades realicen requisas en los salones. Sobre la muerte del celador, señaló que hay dos personas capturadas relacionadas con el caso.
REDACCIÓN BOGOTÁ