LAS CINCO HORAS (O Parábola de la Profecía)(1)

{Al {{Cristo del madero}}, con adoración. A los {{Santos Apóstoles y Mártires}}, con veneración…

En especial, a los {{Poetas y Narradores}} del {{Misterio}}… }

{{UNO}}

{Ahora le veo en su Hora.

Ahora le ha llegado {{La Hora}} en Horas…

(¿Y quién soy yo? Soy el “tal hombre” a quien Él ha dado una lengua de discípulo.

Soy el “tal hombre” que prestó su asno para abrir la Puertas de la Eternidad a todo hombre, un día, allende la milenaria Jerusalén de un pueblo hebreo de dura cerviz…

Soy el “tal hombre” que prestó su Casa para que Él comiera la Pascua junto a Doce sencillos obispos en juventud, durante la festividad de Pesaj, a mediados del mes de Nisan, hacia el año 3.760 del calendario judío…

Soy el “tal hombre” que no tiene nombre, y a quien El predestinó para contarles a todos ustedes, {Normales, Útiles o Productivistas}, y {Entes, Inútiles o Soñadores}, esta parábola sobre las Cinco Horas en que la Humanidad enteramente muerta, cumplido el Tiempo de las Profecías y, con dolores de parto, renació finalmente por la fuerza de Su Amor…)-}

{{DOS

-El Principio del Fin-}}

Es que había (hay, habrá) una vez una ciudad llamada {Mundo}.

Y la ciudad llamada {Mundo} tenía (tiene, tendrá) cuatro ignotas esquinas (la esquina {Norte}, la esquina {Sur}, la esquina {Este} y la Esquina }{Oeste}) y, en su Centro, una afilada {Pirámide} de base ancha.

Una ciudad llamada {Mundo} donde su aguda y enhiesta pirámide, era {el} Centro; un Centro Imán donde todo lo que ocurría en las ignotas esquinas confluía y se consumaba hasta el Fin…

En la esquina {Norte} moraba el Dominio y, en la esquina {Oeste}, la Autoridad del Poder.

En la esquina {Sur} habitaba el Servicio y, en la esquina {Este}, donde salía (sale, saldrá) el Sol, su esencia, es decir, el Amor… Mientras que, en la base de la {Pirámide} (que se llamó Babel, y ahora Bagdad) latía el corazón del Mundo, y, en su vértice, tambaleando como una clarea de luz, aquello que, algunos, llamaban Dios…

Porque sucedió que, en un día de su Historia, el Hombre modeló la {Pirámide} y plantó, en su lugar, como un árbol en Cruz {(“Ave cruz, spes unica”)}. Lo hizo, precisamente, para castigar a uno que se creía Dios, siendo sólo hombre, y que en su delirio se llamaba Padre de cada uno y de todos. Señor de todo…

Aquel {día}, al que los hombres llamaron {“Cero”}, hubo como un tiempo dentro del Tiempo, y {Cinco Horas} para cuatro Esquinas y una Pirámide en Cruz brotando del seno de la soberbia Humanidad: {la Hora del Odio y de la Traición; la Hora de la Amargura y de la Desolación; la Hora del Calvario y de la Conmiseración; la Hora del Dolor y de la Crucifixión; la Hora de la Sed y de las Tinieblas; y la Hora del Abandono, de la Muerte (y del Perdón)}.

Cada Hora marcó para siempre al que se creía Dios, y fue trazada en el Gran Reloj del Centro donde se lo coronó y colgó de dos ancianos maderos, como Rey del Mundo; aunque, de hecho, no lo era, conforme señalaba sobre su enjuta Cabeza, transida de espinas, una irónica inscripción {{(2)}}…

{{I}}

Así, en la esquina {Norte}, cuando un Milagro Eucarístico escandalizaba y nacía al Mundo para Vida del Mundo, a sacerdotal impulso del Amor como Misterio de Servicio y Donación, {(“Les he lavado los pies, hagan lo mismo entre ustedes”} {{(3)}}{ , “Tomad, este es mi Cuerpo…” )} {{(4)}}, un falso amigo discipular –de nombre Judas-, por ignorancia quizá, por ambiciones políticas quizá, por deseos de dominio y reconocimiento quizá, vendió a su Maestro por 30 monedas de plata que el Mundo ofreció como precio de sangre, y aquél aceptó, malversando a la vez su condición de hombre, en el íntimo abismo de una irrecuperable dignidad…

Su traición, clavó la mano derecha del Inocente que se durmió en la Cruz. Y una Llaga brotó {(de las malas obras y el desagradecimiento, brotó)}.

{{II}}

Al mismo instante, en la esquina {Oeste}, un Hombre que era hombre y que decía ser Dios, durante la Pasión inaudita que madurara en un Huerto de olivos llamado {Getsemaní} {{(5)}} , lloró lágrimas de sangre y agua, y agonizó. Y todos los males del {Mundo} {{(6)}} vinieron desde todos los tiempos, habitándole, y su atropello, tras extraño letargo, lo estremeció. Fue ahí cuando al clavarle su mano izquierda empezó a dormirse en la Cruz. Y otra Llaga brotó {(de los pensamientos oscuros e impuros deseos, brotó)}.

{{III}}

Entretanto, en la esquina {Sur}, otro hombre que venía del campo como sembrador, fue obligado por los demás a llevar la Cruz de ese Hombre que se decía Dios…. Y fue cuando aquel Cirineo le servía, que un tercer clavo atravesó feroz el pie derecho del burlado Redentor, hasta dormirlo en la Cruz. Y otra Llaga brotó {(de los equívocos pasos dados por sus amigos, brotó)}.

{{IV}}

Después, en la esquina {Este}, y como a media mañana de aquel Día supremo para la Historia de los hombres, un recio soldado espetó, sin tapujos, que, si verdaderamente era Hijo de Dios o Dios, se salvara y bajara de la Cruz {(“Ha salvado a otros y no puede…”} {{(7)}}.

Sucedió antes de que las Tinieblas ocultaran al Sol tras la bucólica ofrenda de vinagre ofrecida por el Mundo como respuesta a su demanda final de comprensión: {(“Tengo sed…”} {{(8)}}; fue así como, a golpes de martillo, su pie izquierdo –destrozado-, también se durmió en la Cruz. Y otra llaga brotó {(de los crímenes y placeres mundanos, brotó)}.

{{V}}

Y fue también que, en el mismo espacio-tiempo de las cuatro esquinas, la Hora de la Pirámide del Centro llegó. {La Hora Cero}, llegó…

Ocurrió un viernes a las tres de la tarde, a las afueras de la Jerusalén antigua, cuando el “tal hombre” cananeo que cuenta esta historia, oraba en un sitio apodado Gólgota y que, por eso, ahora puede -con verdad- atestiguar:

{“Que la Hora Cero llegó cuando una intrépida lanza flanqueó el desierto pecho del Nazareno aquél, cual símbolo del romano aguijón con que una turbulenta metralla de pasiones terrenales lo atravesó, e hizo brotar sangre y agua (toda una Iglesia) de su sagrado Corazón, para dormirse luego en el suspiro sereno y dulce con que perdonó al Mundo desde aquel árbol en Cruz….”.

“Que la Hora Cero llegó cuando ese Jesús, al modo de un Job-Sartre testamentario, clavado y proyectado como estrella de cuatro puntas hacia las cuatro esquinas del Mundo que habría de inmolarlo, suplicó: ‘Eloí, Eloí, lammá sabactani’} {{(9)}} {; en airada impostura y humano desaliento ante Quien, por un micro eón inexistente, le abandonó a poco de dormirlo por tres Días en la vasta pirámide que era como un árbol en Cruz. Y fue por entonces cuando la última Llaga, como un enorme capullo amoratado, brotó: de soledad y martirio, y de agua y sangre, como en Getsemaní, brotó…”.

“Que la Hora Cero llegó cuando el Cordero de Dios clamara dulce: ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’, e inclinando su cabeza, expiró… Perdonando a todos, expiró. Y bajo la Nueva Alianza del Nuevo Arco Iris de sus brazos extendidos en apertura a todos, se durmió. Con un suave murmullo de misericordia que reconcilió al Mundo, se durmió…}

{{-El fin del Principio-}}

Por lo demás, se sabe que la ciudad llamada Mundo, turbada como las vestiduras del Templo que contenía a la {Pirámide} en Cruz, se desgarró…

Pero sólo durante la invisible brevedad de un suspiro…

Porque al cabo, volvió a renacer reconstruida por el omnisciente, omnipresente y omnipotente {(“… y en tres días lo reedificaré”)} {{(10)}} . Restaurada por el creador, providente, misericordioso, redentor y santificador, dador de cinco Gracias por cada una de sus Llagas pasionarias brotadas y llamadas a florecer… Resucitada por el Hijo del Universo conocido y por conocer que, al ser levantado en Alto, atrajo a todos hacia Él, e hizo justicia por la eternidad… {“Et sic transit gloria mundi”.} {{11}}

{{TRES}}

Ahora “el tal hombre”, se va. Con su asno y su Casa y su fábula, se va. Sin embargo, por el rabillo de un ojo le veo y escucho, finalmente, decir:

{(… Que fue una fortuna la que pagó el Creador por cada hombre y por todos: la vida de su propio Hijo… Que quizá ahora levanten la vista hacia lo Alto y enternezcan sus vidas muriendo al palpitar de sus ciegos corazones… Que quizá ahora se abran al Misterio y graben en sus conciencias los acordes de esta antigua y mística fábula cristiana… La fábula sobre cinco Horas aciagas y sus pasionarias Llagas, cuyos estigmas sublimes sanaron, de una vez y para siempre, en un Día supremo para la Historia de los hombres, a una ciudad llamada Mundo… Que sino, será demasiado tarde – tal vez- cuando lo comprendan… Que, quizá cuando sus cuerpos se deshagan en el polvo ceniciento de una ciudad llamada Mundo, y sus almas elegidas sean congregadas por los ángeles “desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte” , asciendan entre nubes hacia otra ciudad llamada Cielo, donde habrá alegría para algunos, y llantos y rechinar de dientes para otros… Será la Hora de las Horas en las que, el Tiempo de la Misericordia, deje lugar al de la Justicia honrada en el Amor).-}

{{ooOOoo}}

{{(1) – ADRIÁN N. ESCUDERO – Santa Fe (Argentina), 18-04-03 (T.a. al 02-04-09).

Integra los Libros “EL EMPERADOR HA MUERTO (Y Otros Cuentos y Relatos) (Colección de Realismo Mágico). La Botica del Autor. Santa Fe (Argentina), 2005-2009; y el Libro “MYSTAGOGIA NARRATIVA” (Colección de Ficción Conjetural y Metafísica). La Botica del Autor. Santa Fe (Argentina), Abril de 2009.-

(2) – “Este es Jesús, el rey de los judíos” (Mateo 27, 37); “El rey de los judíos” (Marcos 15, 26; “Este es el rey de los judíos” (Lucas 23, 38; y “Jesús, el Nazareno, rey de los judíos” (Juan 19, 19).-

(3) – Juan 13, 14.-

(4) – Mateo 26, 26-29; Marcos 14, 22-25, Lucas 22, 19-20; 1 Corintios 11, 23-25.-

(5) – Mateo 26, 36-46; Marcos 14, 26. 32-42; Lucas 22, 40-46 y Juan 18, 1.-

(6) – Mateo 8, 17.-

(7) – Mateo 27, 39-44; Marcos 15, 29-32 y Lucas 23, 35-37, 39.-

(8) – Juan 19, 28.-

(9) – (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”)

(10) – Juan 2, 19-22.-

(11) – (“… Y así pasa la gloria del mundo”). Parafrasea el final de un cuento del Autor: “Anno Dei”, integrante del libro “Doctor de Mundos” (Editorial Vinciguerra S.R.L. – Buenos Aires, 2000).-}}