LA VISITANTE


 


         Desde aquí la veo moviéndose de un lado al otro, como ignorándome, a pesar de saber que la observo, ¿lo hace para mortificarme? Ella no conoce bien a este hombre, no voy a permitir que se burle de mí.


 


         A ver, ingenua, no estoy pintado en la pared, ¿sabes? ¡Aquí soy el dueño! ¿No me vas a contestar? ¡Cómo si pudieras atormentarme! Detén tu marcha, respeta mis canas y recuerda: estás en mi casa… ¡Mírame a los ojos!


         ¿Le pasa algo, señor?


         ¿Qué va a pasarme? ¿Cómo permiten la entrada de esta atrevida?


         Señor, le traigo su medicina, para que pueda descansar… tome, el agua es fría como le gusta y hoy son solo seis pastillitas.


         Gracias, sé que me comprendes, ella me vigila y quiere ocupar mi lugar… no tengo privacidad, sólo espero que pueda ser expulsada de mi casa, ya descansaré cuando logre eliminarla…


         Pero señor, perdone estas inofensivas hormigas, no le hacen daño…


         Tienes razón, Leonor, siempre tienes la razón – y aplastando con un dedo a la hormiga más cercana, quedó rendido.


 


 


Mario Quiroga Fernández


Cuba


Correo: odalys.juban@infomed.sld.cu