LA MUERTE DE LA ROSA CARMESÍ
Guarecida de la intemperie
de unas manos frías,
la rosa habita
en la utopía del recuerdo.
Si intento acariciarla,
sus pétalos de anemia crujen
sin los besos
de su sol.
Si intento darle cobijo,
se desgranan lágrimas
por pretéritos setiembres
de amante carmesí.
Hoy intenta sobrevivir,
recorre el frío
la médula de su espina.
Con la corola sangrante
junta uno por uno
sus gajos marchitos,
suplica que la dejen.
Le duele morir.
Xenia Mora Rucabado