FEMINISMO Y DIGNIDAD

Los derechos de la mujer no solo abarcan el aspecto económico, la equiparación laboral y profesional en igualdad respecto al hombre, como asimismo la razón forzosa de ocupar puestos relevantes, según valía, tal como sucede con los varones. Hay algo más, importantísimo, que generalmente queda inadvertido por las féminas: la dignidad. Predicamento este, o aureola de prestigio, muchas veces concebido sin profundizar en la gravedad y el decoro necesarios para completar el auténtico sentido de la palabra. Se grata de motivos que podrán parecer insignificantes, pero por lo regular escasos en el género masculino.

La belleza, donaire y soltura de las chicas agraciadas no solo sirven para seducir al joven o maduro galán; algo lícito e incluso necesario para hermosear la vida. Lo doloroso, degradante e inmerecido es el envilecimiento al que se somete a la mujer cuando es prostituida por el interés publicitario. La imagen femenina en manos de los publicistas queda expuesta a los vaivenes psicológicos de sus oponentes. Precisamente cuando son bien conocidos los resortes característicos del macho -referidos al humano y al ser irracional-, normalmente dominantes, la irrupción difusora de los encantos femeninos alcanza cotas despreciables, tanto por la mercantilización del cuerpo humano como por los gestos y posturas rayanos en la obscenidad. Esto es tan conocido y aceptado que nubla la visión real de los hechos, dado que los estímulos subliminales influyen en la conducta de los seres pensantes.

No se le presta importancia al deterioro anímico generado por ciertos intereses materiales, comercializados a sabiendas de sus nocivos efectos. Los sistemas político y financiero, sustentados con dólares y corrompidos por la avaricia, van erosionado de manera paulatina la vida humana; pero las feministas padecen de ceguera cuando reclaman sus derechos, sin advertir que tales facultades, tanto si son positivas como negativas, quedan interrelacionadas con el devenir de la humanidad; es decir, la omisión de ciertos derechos, por ignorancia o por lo que sea, perjudica tanto al hombre como a la mujer.

Si tanto escándalo ha causado el dichosito “sí es sí”, ¿por qué las relevantes damas de la política no incentivan a sus compañeras para que boicoteen la publicidad que las humilla? Sería interesante para todos y todas, como asimismo un avance digno de aplaudir. Para finalizar: ¡que tenga que decir esto un anciano!