Penetro a este mundo que creo extraño
A través de los sonidos:
El eco de mil fieras me recibe,
Un solo ulular de mil gargantas
Rugiendo desde las cercanas cimas,
En acompasado clamor de melodía primigenia,
Sonido anterior a toda palabra,
Más antiguo que las catedrales
Y los molinos.
Desde el fondo del viento
Me hablan voces
Venidas de un pasado tan remoto
Que no pueden guardarlo mis recuerdos:
Mi abuela de África
Vejada, negra y consumida,
Abuelo blanco que cambió una isla por otra
Para plantar su semilla,
Aquel antepasado tan lejano
Que no forma parte de otro árbol genealógico
Que el de mis propias raíces,
Secretamente hundidas en la Tierra,
Cercanas al abismo.
Es la voz de los montes quien me habla,
Me saluda,
Me reconoce,
Me envuelve con su abrazo,
Me brinda alegre salutación,
Se hace alma gemela con mis furias…
Y no temo a la fiera de mil fauces
Porque yo fui ella, en otra vida.