Escuchaba suaves melodías de lluvia en un solo de piano;
era una pena quieta que ahogaba su palpitar.
Ella se creía dormida , pero estaba despierta, salió al jardín.
Todo dormitaba alrededor, menos el viento en primavera.
La acompañaba un grillo cantor, tan solitario como ella.
Observaba a las sombras que se desprendían como racimos de los muros.
Miraba brillar unos ojos sobre sus ojos, con dulce solemnidad.
Ya embriagada de tanta luna, se sentía purificada.
Había tanta soledad y tanto silencio.
La tenue luz filtraba sobre su cabello al viento;
-resultaba un sacrilegio mirar esa comunión-
El follaje murmuraba dulcemente.
La música tornaba aún más desnudo su jardín.
Esas suaves melodías de lluvia en un solo de piano
brotaban desde su alma.