ENVIO URGENTE A MANOLO «GARPE»

Me llegó la noticia como un viento helado. El hilo del teléfono fue cómplice y mensajero de lo que ya temía y, tristemente, esperaba. Sólo unas horas antes había estrechado por última vez esa mano tuya amiga, maestra del trazo y repartidora del color, capaz de llevar en volandas tu genio creativo hasta la tela o el papel. Estreché tu mano, sí, pero los ojos, esos ojos tuyos en los que desde siempre habían anidado el color y la luz se habían cerrado para siempre. Ya sólo miraban los paisajes interiores del corazón.

Nacido en plena crisis del 29, cuando los hombres comenzaron a empuñar fusiles, tú manejabas el lápiz. Luego, de la mano del gran Xavier Soler, aprendiste a pintar cielos y árboles; el paisaje, en fin, de tu tierra alicantina. "Con Xavier Soler – decías- empecé a pintar la Vida". Y seguiste haciéndolo como acuarelista y como virtuoso de la plumilla.

Dibujante publicitario, funcionario interino, empleado en fábricas de piezas para automóvil, ceramista industrial, fuiste, sobre todo, pintor de la realidad, con 12 exposiciones individuales y más de 60 colectivas. Tu querida plaza de Gabriel Miró, recuperada para el Arte, fue testigo de tu quehacer de los últimos años.

Sabías que siempre odié las despedidas. Por eso te has ido en voz baja, sin hacer ruido. Tú, que tan bullanguero fuiste siempre, te has ido de puntillas, como para no molestar, a pintar ahí, en las estrellas. Y es que necesitabas contemplar la vida desde lo más alto, desde los oteros del sentimiento.

Esta tarde, en nuestra tertulia de los jueves habrá una silla vacía. Mejor dicho, habrá una silla en la que se sentarán el recuerdo y la memoria de tantas horas compartidas al calor de un café o un vaso de vino originario de cualquiera de nuestras dos tierras castellano-manchega o alicantina, hermanadas en el Arte y las Letras, por cuyos vericuetos tratamos de caminar este grupo de amigos que tú ensanchabas y ennoblecías con tu buen hacer. Seguramente esta tarde, en nuestra primera tertulia sin ti, recorrerá los intersticios de la memoria colectiva una niebla de melancolía que tardará mucho tiempo en disiparse.

Adiós, Manolo, que la Eternidad te sea leve.

 

Raimundo Escribano