Entre dos inmensidades

Después de tanto dolor

hay que subirse a la cuerda,

posar firme los pies,

aferrándolos como si fueran garfios.

Con la mirada altiva, sin temblores.

Con los brazos en cruz,

soñando el vuelo.

Yo no elegí.

Yo no quise

y me pintaron la mueca de la lágrima.

Y como si fuera poco,

bajar,

salir a la calle,

buscar el sol,

mientras se ríe en los labios

un payaso.

La gente mira

y aplaude.

No saben

que dentro de la carpa,

en la otra inmensidad

ha muerto el equilibrista.