Dejé de acunar
mi espera de milagros.
El mensaje se imponía,
traspasaba las ventanas.
El viento jugueteaba en mis entrañas,
recreaba la verdad de vivir
ya sin tinieblas.
Susurraba el color de la amapola
y enhebraba los prismas de la lluvia
en un pentagrama agigantado.
En mi piel pintaba la gota su aventura
con tonos de emboscada
y describía asombros recogidos
en cuevas construidas de hojarasca.
El sol se decidió
a frenar el designio de la escarcha,
desplegó un arco iris
para el pájaro que rimaba libertad
entre sus alas.
La orgía en plenitud era exhibida
como ofrenda que fluye en avalancha.