En respuesta a la Nochebuena de César Rubio

Como espectadora de las colas del supermercado en estos días, quedo perpleja al mirar los contenidos de los carritos. ¿Realmente se meterán entre pecho y espalda toda esa comida?
Con síndrome de desabastecimiento se lanzan a llenar los carros de latas, carnes, panes y peces, dulces, licores y fiambres.


De acuerdo que no todos son vegetarianos, abstemios y anoréxicos como la que suscribe, que no está bien, lo reconozco, pero de eso a comprar lo que no podrán engullir, por mucho que se lo propongan, hay un abismo.


¿Alguno de ustedes se ha interesado alguna vez en mirar los contenedores tras estos días de vergonzoso despilfarro? Yo sí, con triste sonrojo. Porque se tira comida carísima, sin recato, sin pudor, mezclada entre los papeles de regalos que, en su mayor parte, se han hecho por compromiso, sin ganas, empeñando incluso lo que no se tiene, regalos que luego no se sabe dónde meter y van a parar al baúl de los recuerdos.


Señores, no. No comulgo con esta navidad. Ya no me indigna como antes – tal vez cubrí el cupo de la indignación – me deja fría, como el frío de los que no tendrán nunca unas sobras de las del contenedor que echarse a la boca.


 


Diana Gioia