El Ratón Perez


Ayer se me cayó un diente, muy emocionada lo comenté en la escuela y una de mis compañeras me dijo que lo pusiera debajo de mi almohada antes de acostarme, me dijo que vendría un ratoncito llamado Pérez y se llevaría el diente y en su lugar dejaría un regalo. Otro de mis compañeros comenzó a burlarse y a decir que ya estábamos muy grandes para creer en esas cosas todavía.


Llegó la noche muy rápido y me acosté, no lograba quedarme dormida, sólo pensaba en lo que me había comentado mi compañera sobre ese ratón. La cabeza me daba vueltas, por un lado no sabía si confiar en ella y por el otro quería conocer a ese ratón. Entonces me levanté, fui hasta la cómoda y saqué de adentro de una cajita el diente. Luego me acosté y lo puse debajo de la almohada tal y como me habían indicado.


Sentí un ruido, miré al reloj y eran la una de la mañana miré hacia un lado y vi una cola que se movía de un lado a otro. Me quedé tranquila hasta que vi aparecer ante mí un ratón. Quería gritar, pero mis labios no se movían, el ratón también parecía asombrado al verme. Estuvimos un tiempo observándonos en silencio hasta que él me dijo:


– A mí me informaron que estabas dormida.


Mi rostro resplandeció, se reflejaba en él alivio. Antes de que el ratón volviera a decir una palabra, le pregunté si era el ratón Pérez y él asintió con la cabeza. Entonces me emocioné y con curiosidad y bien bajito, como si me diera pena, le pregunté:


-¿Qué me trajiste?


Los dos nos reímos y entonces me dijo que le enseñara el diente. Levanté la almohada y saqué el diente que bajo ella se escondía.


– Me gusta – me dijo -, está bien limpio y sano; me lo llevo y a cambio te dejo esto.


Me alargó un muñequito de peluche.
 
– Gracias – le dije está muy…


Antes de concluir mi frase el ratón me interrumpió:


– No me des las gracias, cuando debería dártelas yo a ti. Hace un tiempo para acá ya no tengo dientes que cambiar, ya no los ponen bajo sus almohadas y esperan su regalo, no tengo trabajo.


 » Te pido de favor que aconsejes a los demás para que me den sus dientes, si no, me aburriré, o lo que es peor, me quedaré sin empleo.»


– Te lo prometo, lo haré.


Al ratón lo vi un par de veces más, pero como ya mudé todos los dientes no tengo ninguno para ofrecerle. Si tienes interés en conocer a este ratón, cuando se te caiga un diente, ponlo bajo la almohada y vigílalo durante la noche. No te desesperes, tarde o temprano llegará.


Ilustración de Ray Respall