La niña llegó temprano ese día y, como de costumbre, cogió su caja de música y le dio cuerda, la colocó en la mesa y se echó a la cama a descansar un rato.
En la mesa se encontraba una lagartija, la cual, al oír la música, se acercó a la caja.
Se hallaba absorta de sentir lo hermoso de la música.
Se acercó más y acarició la madera, mientras sentía la armonía vibrar en sus patas.
No se percató de que la caja se encontraba muy al borde y, al tocarla, ésta cayó.
El impacto la hizo pedazos.
Por un segundo, mientras tocaba las paredes y sentía la melodía, experimentó algo para ella nuevo: el amor.
En el breve lapso del viaje de la caja por los aires, la lagartija se percató de que se encontraba parada en dos patas y se hallaba razonando. Caminó un paso en posición vertical y gritó, desde el fondo de su mente: “¡Soy humana, soy humana!”
El estruendo de la caída de la caja despertó a la niña.
La lagartija la vio.
Al instante se colocó nuevamente en cuatro patas y, como toda buena lagartija, se escabulló por la pared hacia su agujero.
RAY RESPALL ROJAS
17 AÑOS
ESTUDIANTE DE SAN ALEJANDRO
CUENTO PREMIADO EN “EL ARTE EN SEPTIEMBRE 2004”, ARGENTINA
CATEGORIA ADOLESCENTES
PUBLICADO EN ANTOLOGIA EN BRAILLE Y EN TINTA.