EL PÁJARO Y
Va la rosa en solitario peregrinar
a beber del horizonte sus aguas mansas.
Se sumerge en un reflejo que incansable busca
y observa la mágica danza de unos brazos alados,
que no le pertenecen.
Llora la rosa por su iluso intento
sin presentir que el fulgor de ese embeleso,
bailaba para ella.
Al secar la rosa sus obnubilados ojos,
descubre que su reflejo
tenía los colores más brillantes
y brotaban de sus pétalos alas,
logrando así, contemplar el arco iris
-acompañada-
XENIA MORA RUCABADO