Durante los días santos, Francisco no dejó de sorprender con sus gestos renovadores. El viernes rezó tendido en el suelo durante la homilía de la Pasión de Cristo, en una ceremonia realizada en la basílica de San Pedro.
Y el jueves ofició una misa en la prisión romana de menores de Casal del Marmo, donde lavó y besó los pies a 12 jóvenes allí recluidos, entre ellos dos jovencitas, una católica y otra musulmana, imitando lo hecho por Jesús con los 12 apóstoles.“Esto es lo que Jesús nos enseña y esto es lo que yo hago. Es mi deber, me sale del corazón y amo hacerlo”, dijo el papa Bergoglio cuando se disponía a lavar los pies a los 12 muchachos.
El papa Francisco aseguró que el lavatorio de los pies “es una caricia de Jesús”. “Entre nosotros, quien está más alto, debe estar al servicio de los otros y eso es lo que hago yo lavando los pies; es un deber como obispo y como sacerdote”, dijo.
El viernes, después de participar en el Vía Crucis celebrado en el emblemático Coliseo Romano, el pontífice argentino habló sobre el mal que agobia a la humanidad.
“En ocasiones puede parecer que Dios no reacciona al mal, como que estuviera en silencio”, dijo. “Y sin embargo –sigue– Dios ha hablado y su respuesta está en la Cruz de Cristo: una palabra que es amor, compasión, perdón”, añadió al invitar a los cristianos a que respondan al mal con acciones bienhechoras.
“El mal continúa trabajando en nosotros”, agregó el papa, quien también oró por la paz en Oriente Próximo y exaltó los gestos de amistad entre católicos y musulmanes.
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