De qué color era la noche, no me acuerdo. Pero no estaba en el anochecer de Walpurgis, en la Fiesta de Santa Walburga, o en el pagano y absurdo aquelarre de Halloween, rindiéndole culto a Samhai, en el Dfa de Todos los Santos. No habfa brujas ni diablos presuntos, y el candelabro, prendido de luciémagas y nenúfares, palpitaba reclamando un entendido. No merodeaba los alrededores el necio Ahrimán devastando, con su fan
go de chiquero, las tinieblas. Y tampoco estaba el pitón, la tarasca, el dragón de infernales teogonfas.No era la noche de Yernanjá, la diosa faisa de mares,m~iadora del panteón yoruba, que los esclavos negros, habran trafdo de sus tierras de origen.
No se escuchaba los tambores, y los paroxismos inútiles de los brujos siniestros de Copacabana, al pie del Saravá; y felizmente no estaba la Tisifona, la Megara o la Alecton, las mitológicas Erinias o Furias infemaies, que en la Grecia antigua «se encargaban» que las maldidones ~ cumplieran. Pero en lo más recóndito de mi ser, en la cándara del tambor, que redobiaba encubierto en mi corazón, temfa haber arribado a lugar equivocado. Cuando llegué a casa de Vfctor Humberto Gonzales Unares, considerado el clarividente más grande y poderoso del Continente, 57 kilo.netros al norte de Trujillo,alguien me contó que dos semanas antes habfa asegurado sin conocerme,que yo lIegaña.
. Apenas llegué nos movilizamos hada un lugar ubicado a 10 kilómetros de Casa Grande, por un eaminito de cañaverales, que monan de insomnio y de sequfa. Mi primera impresión fue la de haber llegado a una de esas tlpicas casas encantadas de los cuentos mundanos, preñada de gnomos, fo1Iets, silfos, kobolds, trasgos, salamandras y lutines, y era imposible mirar el escenario sin la morbidez de gato techero preparado para la fuga. Alguien habfa improvisado fogón con leña, sobre el que hervía un poderoso caldo de gallina para.los»padente~y unos decolados muebles (corno los del tango) hablaban, a su manera, de sucesivas campañas’transcurridas.
Pase – me dijo; y de repente, parecía ser un indio mataco entre espíritus anónimos, emboscado en mi propio abordaje, en mi barrunto. Sitiado en trinchera de eremita, y metido en donde nadie me habfa invitado.
El no pareda ser el funesto personaje de Alejandro Dumas que en su Montecristo practicaba la magia envenenadora, ni se movía como la Locusta romana protegjda de Nerón,que causara la muerte de Qaudio y de Británico.
De repente el hombre me sacó de mis cavilaciones, cuando dirigiéndose a mi,afirmò:
– Interesante su libro sobre César Vallejo. Muy intere~nte. Usted plantea una tesis distinta a nivel mundial. Celebro que haya venido. Ud. ya ha ganado dos Premios Intemadonales como autor de candones, publicado numerosos libros, y acaba de terminar un poemario con el que ganará un Premio Nadonal, que se sumará a muchos Premios Nadonales e Intemadonales, y grandes distinciones que ganará en su vida. Sus libros estarán en las más grandes biblotecas del mundo.
Esa afirrnadón, provocadora como estruendo de caballos desatados, se acoderó descomunal, en mis empeños de tanteador de la noche, hasta sorprenderme. En aquel entonces, estaba planificando publicar, mi Ensayo titulado Itinerario del Amor en Vallejo, Pero lo manten fa en secreto. Habla sacado a la luz mis libros: Informes y Contiendas (1969), Uamado a la Uamarada (1970), En Pie de Guerra (1973), La palabra Secreta (1977), El Regreso a la Tierra Prometida (1986). En 1976 Y 1977 resulté ganador del Segundo y Primer Premio, respectivamente, del Festival Internadonal de la Candón de Trujillo, como autor de las baladas Candón para Magdalena y Azucena Cantarina, respectivamente; y metomentodo, bullebulle, estaba. corrigiendo para presentar a un concurso mi poemario El Sol nunca se pone en mis dominios, que recién edité en 1993. En julio de 1991, llegué a publicar el referido ensayo, y en marzo de 1992, como lo habfa profetizado Vfctor Humberto gané el Primer Premio de la Primera Bienal Nacional de Poesla, Casa del Poeta Peruano, con El sol nunca se pone en mis dominios.
– Ud- anotó, sacándorne de mi buró de entrometido – es el primero de una familia de diez hermanos. Tiene un Padre muy recto, y una Madre que en verdad es una santa. Por ella, ha heredado uon corazón de oro que en mis 45 años jamás habla visto. Ud. ayuda a mucha gente, y es amigo de esos que ya no hay, aunque no espera que lo reconozcan.
Hasta allf, yo no querìa caer en la pazguaterìa. No habìa tenido la oportunidad de escuchar idioma tan particular, y nadie me habfa hablado tantas cosas que, aunque no quisiera mi humildad, las reconoda mi exaltación de hombre. Como leyendo de paporreta en mi alma la historia de mi vida. Por eso, esa, fue noche de pastaflora. La sangre de horchata de Vfctor Humberto, matizó la madrugada y apretó las clavijas de las tinieblas indecentes. Y allf nomás, paralfticos caminaron sin tretas y sin ardides. Sordos tomaron su montera, y en la claraboya del sonido, renunciaron al silencio sepulcral que tapiaba sus oìdos. Esposos ganados por la discordia, fueron restaurados. Y yo, que me mantenfa a un costado de la batahola, sentl como periodista, que valla la pena hurgar más allá de su presenda de ánimo.
¿Qué hacer entonces? Disfrazarme de ofidio no podfa. Nunca jamás tuve la vocadón de la culebra. La respuesta no la encontréen lOs calendarios mágicos de Tycho Brahé y Duchenteau, sino en la investigadón de esa vida prodigiosa.
Terminé confirmando que el diablo también se disfraza de Angel de luz. para sorprendemos.
Por Carlos Garrido Chalèn
carlosgarridoabogado@hotmall.com
Abogado, PerIodIsta Y Poeta Peruano, Premio NadonaI de Poesía, distinguido en 1997 como «Patrimonio Cultural Vivo de la Naciòn» por el INC