Pequeño,
árbol chico
mimado
cual un niño.
Tres semanas
llevaba
plantado en la tierra.
De pronto,
alguna mano
o garfa
dobló
su endeble tallo
.
¡pobre el arbolillo!
Indefenso,
en el viento de Otoño
abatido
Percutió
en nuestros corazones
disgusto
rabia,
tristeza….
No claudicamos
ni resignamos,
no decaímos.
Enseguida
a la faena:
recomponer su maslo,
tanto,
tanto era
el cuidado
para que la savia subiera
que la tierra complacida
transpiraba gratitud,
ayudando
para que el arbolito
no muera.
Brotó otro árbol
en el mismo suelo
pegado
al primero,
necesitado
que lo protejan.
Hoy son dos,
juntos crecen
regalan su sombra,
el verde y amarillo,
de sus hojas tiernas
Arbolito de la casa
fuiste
mortalmente herido
empero,
hoy,
creces vigoroso
adyacente al compañero
que te brindó
su apoyo
y también su abrigo.
magnicida
con
cerril carcajada,
berridos horrorosos,
sin palabras.
Con manos manchadas
hieren y matan,
sin razones humanas.
No obstante
los árboles están vivos.
Ayer
cobijaron
a madres
y niños
en su follaje
porque
las zarpas de hierro
exterminan a sabiendas
hunden el acero
con saña fiera.
Los àrboles
han crecido,
cual compañeros
entrelazados,
y bajo su sombra
que guarece nuestro abrazo
y su fronda
mecida por el viento
cubren de caricias
nuestros cuerpos.
Arbol,
emblema de la vida
¡cuán rudo el sufrimiento!
e
¡Inmenso el alborozo!
Arboles de mi casa
Alegoría de un futuro fraterno.
9 de Diciembre del 2003