Ringleras de frondosos álamos y chopos alineados en las márgenes de tu ribera, pigmentan tu lienta y feraz vega de un intenso color verdeceledón, que contrasta con el azogue1 de tus aguas, que como un espejo refleja la perspicuidad de un sol, que permanece simultáneamente ardiente, y refulgente, en el límpido, y cerúleo cielo, y en la resplandeciente superficie de tu cauce.
Un caudaloso lecho, que sigilosamente produce el derrubio de tus ribas de soto, apostadas junto a tu argentado álveo, aumentando día tras día tus dominios y posesiones
Un caudaloso lecho que se quiebra y requiebra, de cuando en cuando, formando corvos meandros, alabeadas horquetas, y bellos restaños, que embellecen aún más la rectitud de tu digno trazado, que entronca con tu personalidad seria, regia y severa.
Tus aguas hialinas, y transparentes, avanzan con lentitud pandeando entre suaves colinas, menguados alcores, y erosionadas lomas, como si desearan ralentizar su discurrir, para contemplar un paisaje pleno de beldad y esplendor.
Tus aguas cristalinas y tornasoladas, avanzan con celeridad por entre afiladas sierras, escarpados picos, y verticales fragas, como si desearan acelerar su discurrir, para alcanzar rápidamente esos campos llenos de vida, diseminados por las infinitas llanuras, mesetas, y planicies que te escoltan por las enjutas, y desmedradas tierras castellanas.
Tierras del Pan, sembradas de trigos lampiños, berrendos, y salmerones, todos ellos con sus espigas áureas, y doradas iluminando de color jalde la clara y fresca mañana.
Tierras del Vino, viñedos de majuelos, extendidos por entre la rasa orografía castellana, pagos salpicados de suaves oteros, desgastados mogotes todos ellos con sus adustos y tachonados portones, todos ellos con sus profundas y lientas bodegas.
Tierras de Campos, de almunias, parcelas, y heredades; tostadas cuadrículas, y franjas teñidas por el sol y el cereal, que se difuminan en la lontananza del austero páramo castellano.
El incesante flujo de tu reguero lleno de sonoridad, a su paso por las distintas comarcas, y concejos, convoca a los municipios que asoman sus casas de adobe y tapiales, para que les honres con tu homónimo, así ocurre con Laguna2, Viana3, Berlanga de Duero4, y tantos y tantos otros pueblos, que adoptan tu nombre como apellido.
Mil y un puentes son los que te cruzan y atraviesan, puentes de piedra, y puentes de hierro, que acarician tus márgenes, para permitir que tus dos orillas reciban la visita del rural campesino, y del incansable labriego castellano.
¿Pero, que eres tu río Duero, sino la vida para tus sembradíos, labrantíos, y arijos?
¿Por qué te aman tanto tus villas, tus valles, y tus gentes?
En verdad, es mucho delirio el que produce ver tu cuerpo supérstite, vivaz, y enérgico, con la savia que fluye habitualmente, por tu cárcava, por tu curso, por tu cauce…
¿Por qué lloran las gentes con tus sequías, secadales, y estiajes?
En verdad, es mucho dolor el que produce ver tu cuerpo inerte, yermo, y yerto, sin la savia que fluye habitualmente, por tus brazos, por tus regueros, por tus corrientes…
Hay quien dice, que en tu discurrir rumoreas y susurras, expresando un sincero y eterno agradecimiento a esas gentes que tanto te quieren, y que tanto te aman.