{A los militantes de la Vida.
En especial a los que supieron o pudieron sobrevivir…}
Ella se reía, pero él no hacía caso.
En realidad, ella se reía de él porque estaba furiosa. En el fondo, como toda mujer que se precie de tal, lamentaba no conocer la causa de aquella, digamos, higiénica obsesión marital.
Cabo Herodes cortaba semanalmente las uñas de sus pies en el dormitorio, sentado sobre la cama y doblado como un sauce hacia sus extremidades de oso, mientras los huesudos excrementos terminales de los dedos grasientos, volaban como esquirlas de granada cada vez que el {“chas”} de la tijera, daba cuenta de un pedazo de ellos…
Luego, Cabo Herodes, reclinado aún más, amontonaba, con las pantuflas de lanilla esgrimidas con verdadera destreza de mosquetero francés, a diestra y siniestra, paciente y concentrado, los escombros de su tarea {“podativa”} (improvisado podólogo hogareño), tratando de que ninguna diminuta porción o partícula de hueso calloso se extraviara, ni bajo la cama ni bajo el ropero contiguo al camastro matrimonial.
Esto mismo hacía con su alicate de bolsillo, al cortarse –pero en la cocina-, semanalmente también, las uñas de los dedos de sus manos de boxeador o algo parecido…
Él también reía por lo bajo, disfrutando del asco que daba a su mujer -tan esmerada y púdica-, aquella práctica estética ejercitada fuera de lugar {(“Que para eso está el baño o ´le toilette´, Herodes; maldito seas”}, le recriminaba -como una tonta- sin respuesta).
Es que jamás lo entendería. Jamás ella entendería. Jamás comprendería cómo, un año de servicio obligatorio (en el ’76), y luego seis calendarios como suboficial {“enganchado”}, atrapando y arracimando hojitas derrapadas, caídas de los frondosos árboles de la Plaza Mayor del Escuadrón de Ingenieros Blindados II en Paraná (Argentina), {“una por una, hasta no quedar ninguna”} (proclamaba en eco el áspero y alcoholizado acento chaqueño del Sargento Felipe de Judea), inclinado como un buey durante siete veranos y siete otoños infernales -depurando el terreno hasta dejarlo asépticamente verde y recortado-, so pena del cruel castigo corporativo que ese miserable enano mental {-que sólo sabía hablar de fútbol y de mujeres frívolas, como la que él mismo había terminando aceptando en concubinato después de enrolarse como Cabo-} pudiera propinarle…
{(“El mate, de rodillas, bien ´prosternado´ mi Cabo;’ta falto de estado hermano, le va’ser bien. De paso le damos tiempo al agua a que empape la yerba, ¿entiende, mi Cabo?. ¡Bruta mi sangre!, ¡carajo!).}
Así nomás, haciéndose servir el mate de rodillas tras quince metros de recorrido desde la cocina al escritorio de la Guardia (y viceversa, ¡oh, improvisado camino al Gólgota Oficinesco!), y haciéndole juntar las hojas de los árboles del cuartel, esto es, mortificándolo como si fuera un insecto, no un hombre, logró inculcarle en cada frágil neurona de soldado raso –y de Cabo después-, el incesante hábito de remover y recoger, remover y recoger, remover y… todo objeto vivo, muerto o inanimado que yaciera o flotara, ensuciando o manchando o enlodando el piso o suelo o plano de cualquier lugar del maldito Regimiento donde… {(“¡Basta! ¡Basta, hermano! ¡Por favor, maldito seas!”}, suplicaba en silencio mordiéndose los labios tan gruesos como cobardes, mientras el ignorante cornudo reía a carcajadas)…
Quizá por eso una especie de neurosis profesional lo llevara, también ahora, y desde su renuncia al Ejército en el ´83, a seguir haciendo algo semejante en su casa, vereda, calle, vecindario y ciudad toda: “Tal vez –opinó el psicólogo, ordenando su inmediata internación- con el doble propósito de vengarse de su pariente, el Sargento -aquel jefe desmedido y brutal que lo había metido a Cabo para abusarse de él-, pero burlándose también de éste haciendo sufrir por añadidura -y por las dudas-, a la p… de su mujer…” robada al maldito de su hermano en un descuido, una noche de prostíbulo compartido sin que él jamás lo supiera (absorto como los otros en el baile de La Salomé…).
{(¡Herodías!, ¡Herodías Magdalena! ¡Traidora! Vas a ver cuándo te agarre!…, solía gritar borracho por los lindes sin luna del Cuartel).}
Por su parte, la intrusa destinataria hubo de soportarlo todo, a modo de expiación terrena, con el heroísmo propio de su perdido oficio de prostituta e infiltrada socialista, en honor siquiera al orgullo de haber poseído y montado bajo sus piernas, las charreteras, los gemidos y la prosapia augusta de un marido milico, cosa no menor en los ´70 de aquel país bananero, aunque el desgraciado no fuera más que un alcohólico empedernido o un loco desquiciado como su actual concubino… Evitando con astucia, de ese modo, terminar en el lago San Roque de la Villa Carlos Paz, y desaparecer del mapa como otros pobres cumpas politiqueros (siempre recuerda al pobre de Juan Bautista, apodado El Cristiano por sus místicas diatribas, cuya cabeza de colimba santurrón, descorchada con un serrucho oxidado, viniera a enterrarse bajo las playas del Colastiné, a los fondos de la costera casucha santafesina de Herodes, en el otro extremo de dos territorios unidos por un Túnel Subfluvial); como así nomás, ya sea por “triviales” razones ideológicas, o por no apoyarlo en un simple “corte de uñas”, tan molesto como un comunardo o una piedra en su lustrosa bota negra de frustrado aspirante a … {(“Borseguí, borseguí, se dice, mi Herodías, ¡p… Magdalena!, Borseguí, se dice…¡bruta de m…!).-}
{{Santa Fe (Argentina), 04-09/06-10-2006. Integra los libros de cuentos “DOCTOR DE MUNDOS II – Visiones Extrañas” (2003-2007); MUNDOS PARALELOS (Y Otros Cuentos” y “DESDE EL UMBRAL (Terrores cotidianos y de los otros) (2006-2007). Inéditos. La Botica del Autor (Santa Fe, Argentina).
Publicado el 11-12-06 en el Magazín virtual ISLA NEGRA.ZOOMBLOG.COM – ITALIA – Director: Gabriel Impalione.
Seleccionado para la ANTOLOGÍA 30º ANIVERSARIO DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE ESCRITORES-FILIAL SANTA FE (2006). Santa Fe (Argentina). Febrero 2007.-
Publicado el 11-03-07 en el Magazin virtual REVISTA LITERARIA AZUL@RTE –– E-Mail: azularte101@hotmail.com – Portal: revistaliterariaazularte.bogspot.com (Canadá) – Director: Jaime Serey.-}}