Se abren las bocas por última vez.
Se entregan a un lenguaje que comienza
a invadir la carne.
Esa debilidad caliente.
Ese bocado jugoso.
Un lenguaje que arde y vuelve a entrar
para reventar en el espumoso sabor
que frotan las lenguas al rozarse.
Idioma caníbal.
banquete deseado.
Bocas y cuerpos hablándose desde el hambre,
desbordándose en la primitiva historia
de los apetitos de la carne.
De: Veda negra (2001)