Cielo sobre París

Ya ves,


yo no puedo ser el ilusionista de alas sesgadas


el Cristo sin nombre que amaste a los 18


desde el Gólgota a la Estigia


el Rimbaud que poseíste en alguna sucia habitación parisina


siempre escondiéndote tras ese traje de ángel-demonio


acto perenne que enrostra tu  odio


disfrazado de  dolor


dando vida al acertijo de tus interminables pesadillas


(byte sucedido en el miocardio)


controlando impulsos de muerte


digitando desde el hemisferio izquierdo


pensamientos 


sensaciones  


conductas


revelando voces que oímos juntos


desde el cadáver del ’93


compartiendo versos desahuciados        


suicidas


debajo del puente junto al río


hasta el viejo solar de los excesos


en el mismo lugar donde


me enviabas señales de auxilio


y amaba tu súcubo hálito nihilista…


 


ya ves


yo no puedo ser el  hombre alado que arrastras contigo


al gélido diván de concurridas muertes…