Vista y revista la actitud política del presidente de ERC, lo único que puedo recomendar a este “preclaro” ideólogo es un buen psiquiatra. Para su partido sería ventajoso y España, incluida la mayoría cívica catalana, agradecería el esfuerzo republicano. Pero las ventajas que desea ER nada tienen que ver con la armonía, y bastante con la discordia que provoca la afrenta. Así, “El PSOE está acojonado ante las presiones del PP” favorece la beligerancia de la derecha, estimula el anhelo separatista vasco y radicaliza la justa tendencia de los catalanes a conservar su identidad. En definitiva, lo que ER persigue es la fragmentación como recurso efectivo para conseguir sus fines. Si con todo ello, además, propicia el boicoteo de los productos de su tierra, miel sobre hojuelas. Que en la empresa «Codorniu» pueda quedar en paro un nutrido colectivo de trabajadores, no importa; los dirigentes de ER tienen asegurado su bien remunerado trabajo aunque representen, incluso en su propio pueblo, una minoría sin apenas opciones a erigir en “cap” de la Generalitat a ninguno de sus políticos. Si del Tripartito surgen los grandes errores de Maragall y los desdenes de Carod a nuestra Carta Magna, no puedo calificar de aglutinadora la actitud de la Generalitat. Ni siquiera refiriéndome en concreto al pueblo que dirige como Dios le da a entender, puesto que no todos los catalanes -¡ni muchísimo menos!- están de acuerdo con las intenciones atomizadoras de más de un político abencerraje. Es decir: discordia por delante, y, por detrás, vaselina para conformar a los votantes, doloridos por tanta acometida.
¿Cree alguien que ER puede prosperar a fuerza de razonamientos, cuando su espurio comportamiento (irreverente actitud ante los símbolos sagrados, insolencia frente a nuestra Constitución, encadenamiento ante la COPE, veto al PP y, por no citar más despropósitos que harían larga la relación, la bulla callejera que organiza abusando de la credulidad de sus adeptos) denota a las claras que no tiene nada que hacer con la cordura? Conscientes de que con argumentos de peso jamás podrán alcanzar la meta separatista que anhelan, estos falsos republicanos utilizan como nutriente la paulatina descomposición social generada por el enfrentamiento de los grandes partidos. Y ahora me pregunto: ¿Cuándo va a reaccionar el señor Rodríguez Zapatero ante tanto descerebrado? ¿Merece la pena mantenerse en el poder con semejante compañía, mientras en su formación política surgen voces discrepantes?
A mi entender, el mayor error que ha cometido el presidente del Gobierno ha sido pactar con ER. Es verdad que España necesita consolidar de una vez su unidad de acuerdo con la pluralidad; pero no en los momentos menos propicios, como los de ahora. ¿Qué pinta ER en una mesa negociadora seria? Si su existencia depende de la radicalización, ¿qué puede esperar el PSOE de unos políticos cuya talla no rebasa la de un matojo? Sin embargo, el paso está dado y no hay vuelta atrás. Podrá o no salir adelante el Estatut, mas la semilla ya ha fructificado y nadie, a partir de ahora, podrá impedir que, tarde o temprano, suenen las cornetas si no se solventa a su debido tiempo el problema de la diversidad. No quiero pensar qué podría suceder si los nacionalismos rabiosos uniesen sus fuerzas al máximo. El PSOE, en la última encuesta, parece que va sumando puntos a su favor. Me alegro, más que por el partido en el poder por otra lectura: las maniobras barriobajeras de ER y los incomprensibles errores de Maragall, parecen haber tocado techo en cuanto a la reacción popular se refiere, aunque no se debe bajar la guardia. En ER no se dan claros signos de inteligencia, pero sus dirigentes poseen la astucia animal, como sucede con las especies depredadoras.
¿Cuántas veces ha amenazado ER al PSOE? Constantemente. Sin embargo, el Estatut que desea el señor Rovira y sus seguidores no puede prosperar de ningún modo, y menos aún a base de burdos apercibimientos y manipulaciones históricas cuya finalidad no es preciso comentar. La mayoría catalana (léase pueblo llano) -como sucede en cualquier territorio español diferenciado de los demás espacios geográficos-, lo que desea es vivir en paz y prosperar con su trabajo; la máxima aspiración de los políticos no es otra que el poder. La diferencia es notoria: mientras unos trabajan, otros, arriando e izando banderas, consiguen el mejor plan de pensiones que la Banca reserva a quienes apuntalan sus arcones. He ahí la verdadera patria. ER, con su presidente a la cabeza, tiene asignado un papel importante en el juego de las grandes finanzas, y eso lo sabe el señor Carod, como lo sabría yo si estuviese en su lugar. Lo bueno para mi conciencia es que formo parte de los desasistidos.
¡Cuánto me agradaría que se pudieran organizar plebiscitos en Euskadi y Cataluña para determinar la voluntad de ambos pueblos! Intuyo que ese sería el final de la carrera política del señor Carod Rovira, lo que no les vendría mal a Cataluña y al resto de comunidades españolas.
Augustus.
