{Al que pueda entender, que entienda…
En especial, a los colegas que hoy, 13 de junio, festejan en Argentina el Día del Escritor.}
Había una vez en un valle escondido {(aquí usted se sitúa en el ámbito laboral, familiar o amical donde piensa que puede haberse desarrollado esta Parábola)}, en donde habitaba gente muy popular y feliz que compartía, unos con otros, pequeños personajes llamados Cálidos Fuzzies {(eso sí, no pienso revelarles quiénes eran, por ahora).}
La gente del valle siempre se sintió feliz. No tenía televisión, puestos de hamburguesas, salas de masajes ni cursos de tenis {(sí, muchos caminos caminados por caminantes que dialogaban y dialogando compartían la vida, y sus muchas bibliotecas enbibliadas de libros, de muchos libros leídos y releídos, escritos y reescritos)}; para ellos, el compartir con otros los Cálidos Fuzzies siempre les había traído felicidad. Es decir, cada uno compartía y se preocupaba por el otro.
Un día, una vieja y malvada bruja {(aquí puede usted puede colocar el nombre que crea conveniente o inconveniente, porque total, las brujas -o los brujos, para no caer en machismos subliminales, pero que se diferencian, tenga en cuenta por favor, de las magas y de los magos- existen sólo para hacer daño y no están dispuestas o dispuestos a repararlos nunca; así que no se ofenden por nada de lo que usted haga o diga para que cambien de actitud, porque jamás intentarán hacerlo)}, una vieja y malvada bruja {(o brujo)} –decía- volaba sobre el valle escondido y, al ver a toda esa gente muy feliz, abrazándose uno a otros, pensó: ´Qué ridículos son, bajaré y les mostraré cómo es el Resto del Mundo’ {(aquí usted puede, en realidad, situarse en cualquier lugar del mundo, porque “el que esté libre de culpa, que tire la primera piedra”. ¿O eso es del Otro Mundo?).}
Así fue que la bruja voló sobre el valle escondido y empezó a correr el rumor {(de por medio, radio pasillo en acción)} entre todos sus habitantes, que ya no habría más Cálidos Fuzzies.
Por ser humanos {(sí, dije: humanos)}, la gente del valle reaccionó unánime, pero no precisamente, en forma solidaria como antes…
Se fueron a sus casas y escondieron sus Cálidos Fuzzies en lugares oscuros {(muyyy oscuros)} para así evitar compartirlos.
Pronto todos comenzaron a desconfiar unos de otros, a sentir temor, odio y, por primera vez, en ese valle escondido, aulló la soledad. Fue un grito espantoso que arredró hasta el más valiente de los {muggles}{{(2)}} del valle.
Los meses sin Cálidos Fuzzies se volvieron años y la gente feliz del valle se volvió igual que el Resto del Mundo.
Entonces, un día, una abuelita {(aquí usted puede poner el nombre que crea conveniente o inconveniente, porque total, las abuelitas –y los abuelitos, para no caer en feminismos subliminales- existen sólo para hacer el bien sin mirar a quién, y están dispuestas o dispuestos a escuchar y a consolar y a perdonar -siempre que usted se encuentre realmente arrepentido y atento a reparar la injusticia o el daño hecho al prójimo a causa de la soberbia, del egoísmo o de la ignorancia con que la bruja o el brujo pudo a uno haberlo encantado astutamente-; porque las nonas y los nonos lo hacen todo con amor y por amor, pero el amor es exigente y muyyy responsable)}, una abuelita {(o abuelito)} -decía- que vivía en ese valle escondido {(que sólo usted conoce, por ahora)} le contó a su nieta {(o nieto, porque aquí le aseguro que se trataba de un ángel, y los ángeles no tienen sexo)} sobre los {‘buenos viejos tiempos’} cuando eran muy felices e intercambiaban unos a otros los Cálidos Fuzzies y reinaba la Regla de Oro: ‘Haz a los demás lo que te gustaría hicieran contigo» {(un dicho sólo comprensible en arameo)}, y el Espíritu de Dar Sin Esperar Nada a Cambio {(que era como el alma de los Fuzzies, por supuesto: ¡acertó!).}
La niña {(el niño)} se emocionó tanto, que salió en búsqueda de unos cuantos viejos Cálidos Fuzzies, y pudo encontrar algunos, los que, a pesar de su avanzada edad, conservaban aún toda su frescura e inocencia. Y comenzó a compartirlos entre los demás niños que habitaban el valle.
Cuando los Cálidos Fuzzies fueron compartidos entre los niños {(que entienden rápido de las cosas del Otro Mundo)}, se multiplicaron de inmediato, y los adultos que veían cómo los niños volvían a ser felices, también empezaron a intercambiar Cálidos Fuzzies {(y que a esta altura ya no será necesario aclarar de quiénes se trata, ¿verdad?).}
Así que, al apartarse el Resto del Mundo de aquel lugar, el valle escondido {(ése, precisamente, que usted había elegido y yo creo conocer)} recobró su verdadera identidad y la gente fue muy feliz al compartir y cuidarse unos a otros. (Fin)
{{ooOOoo
(1) – ADRIÁN N. ESCUDERO -Adaptado de Autor Anónimo – Santa Fe, 10-10-04.}}
Integra el libro {{“APOCALIPSIS BANG y otras Historias para un Semáforo”}}. La Botica del Autor. Santa Fe, Argentina, 2005/2009.-
{{(2) – Muggle:}} denominación utilizada por {{J.K.Rowling}} en su maravillosa saga {{“Harry Potter”}}, para distinguir a seres humanos normales de los que pueblan el territorio de la magia.-