{A la Muerte.
En especial, al Abuelo José, y su preaviso inexorable, in memoriam}…
De pie, en el improvisado pedestal, el hombre descubrió que, con su delicada justeza, el instrumento aquel podía perfilar en el aire un pentagrama de movimientos silenciosos, raramente bellos, con el inefable poder de entrecortar el rumor de voces que habitaban a su espalda.
Eran vibrantes los chasquidos del singular contrapunto; y no menos vibrantes los suspiros arrancados a la pública platea.
Consciente de la responsabilidad en ese instante y del seguro efecto de su bien probado oficio, el Moderno Maestro de aquella Ancestral Ceremonia, más antigua aún que la música misteriosamente engendrada por la espléndida batuta, sonrió convencido del triunfo que coronaría otra vez una correcta labor.
Sonrió también ante la extraña forma dada a su instrumento de dirección, al que los rayos de sol, seccionados al atardecer por los bloques vetustos de las paredes del Último Teatro de la Ciudad, semejaban a una cuchara de albañil.
El nervioso voceo creció detrás suyo, segundo tras segundo, con cada ademán preciso y certero de su bastoncillo intrépido, buscando el compás en las profundidades de argamasa, de aquella mezcla blanca de sonidos graves y chirriantes, de sello riguroso y plástico que cubriría huecos y ranuras en el alma humana…
Ascendiendo, primero; acentuando la porosa estela de tonos en escala, volviendo vana la esperanza… Bajando luego a golpes de muñeca, rítmicos y sesgados hacia la derecha. Invirtiendo después el sentido de la parte ejecutada; esto es, en descenso y a la izquierda, y arriba y abajo, de modo que la Obra fuera definiendo en ojos y oídos la real tragedia confundida en aquella breve sinfonía, a la que todo el mundo terminaba escuchando alguna vez…
Junto a los acordes finales, la emoción del público aglomerado se agigantó hasta límites insospechados. Sin hesitar, contagiada una vez más su piel del escozor del triunfo, y, rematando el revoque sobre la placa gris, el Obrero saltó feliz de su escalera, y desapareció entre los oscuros recovecos de las tumbas, dejando atrás el estentóreo frenesí de aquella gente anonadada por el llanto ofrendado a algún ilustre muerto.-
{{Santa Fe Santa Fe (Argentina), 1985. Texto ajustado: Parábola de la Muerte o Breve Sinfonía: 14-04-2006 (Viernes Santo).
Publicado en Diario “El Litoral” (Santa Fe, Argentina), el 28-09-85.
Publicado en la “Gaceta Literaria de Santa Fe (Argentina)”, Nº 30 – Mayo de 1984.
Seleccionado para Antología Literaria de la Feria Regional del Libro – Provincias de Corrientes, Chaco, Entre Ríos, Formosa, Misiones y Santa Fe (Argentina). Julio de 1988.
Su versión original integró la primera edición del presente Libro “Breve Sinfonía y otros cuentos” – Colección de Realismo Mágico (Ediciones Colmegna S.A. – Santa Fe, Argentina), Marzo de 1990, págs. 71/72.
Ilustrado por el plástico Guillermo Hoyos para la 3ª. Muestra de Plástica y Literatura “Arte & Letras” (Auspiciada por Fundación Banco BICA Coop. Ltdo., Diario “El Litoral” Santa Fe, Multicanal S.A., C&E Inmobiliaria, Ediciones “La Cortada”, LT 9 – Radio “Brigadier López” Santa Fe y Municipalidad de Santa Fe)-Museo Municipal de Artes Visuales Santa Fe, Setiembre de 1998.
Editado en el Tomo III de la Antología “Cuentistas Argentinos de Fin de Siglo” (Editorial Vinciguerra SRL) – Buenos Aires, Noviembre 1999. Pág. 77.
Integra el Libro “Doctor de Mundos II – Visiones Extrañas” – Colección de Ficción Conjetural y Metafísica (Inédito. La Botica del Autor, Santa Fe-Argentina, 2003-2007), Expte. Nº 290681-Dirección Nacional Derecho de Autor (DNDA) – Depósito en custodia del 17-11-03.
Integra el Libro “Desde el Umbral (Terrores Cotidianos y de los Otros) – Colección de Horror. Inédito (en desarrollo). La Botica del Autor (Santa Fe, Argentina), 2005-2007.
Integra el Libro “Apocalipsis Bang y Otros Cuentos para un Semáforo” – Colección de Microrrelatos. Inédito (en desarrollo). La Botica del Autor (Santa Fe, Argentina), 2007}}.-