Aquel niño pudo tocar a la Muerte con sus manos , palpar su rostro, acariciar tal vez su larga cabellera. Muy astuta la Muerte invito al niño a recorrer juntitos los caminos. Se les vio cabalgar por las llanuras. La Muerte desataba sus cabellos y apagaba sonrisas. El niño tropezó
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