¿Qué queda, al fin, después de los crepúsculos? ¿Un beso indiferente en las mañanas? ¿Una caricia, casi distraída, rozando mi mejilla despeinada? Pues, es en este instante en que decido que no voy a rendirme sin batallas, que no acepto rutinas, ni pretextos, ni caderas de secas n
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