En ese instante de la tarde
en que los árboles son un río
hirviente de trinos.
En ese preciso y justo instante
en que no se distinguen las formas
y las sombras van arropando,
dulce y lentamente, todo lo
que nos rodea.
En ese instante en que la soledad
se hace tan pesada que se puede
abrazar. En estos momentos
tan especiales, -y no en otros-,
siento el vacío que dejaste.
Una lágrima se pierde. Un suspiro
la acompaña.