Hoy he ido a hablar con mi jefe, porque quiero volver al trabajo. Ha sido cantidad de cariñoso y comprensivo conmigo, como si se alegrara mucho de verme. Hasta me ha dado unas palmaditas en la espalda. Me ha parecido menos calvo y menos arrebolado, así que creo que nuestra separación ha sido beneficiosa para los dos. También he visto a mis compañeros. Había un tipo con aire lúgubre sentado en mi sitio, manejando mi mac. Mi compañero me ha dicho que se llamaba Héctor y que era autónomo contratado sólo hasta que yo volviera. Quedaba de lo más raro, ahí sentado tan serio, con ese traje tan lúgubre, trabajando todo formalito y concentrado entre mis muñequitos de warharmmer y mis naves de star wars. Parecía un cura en una comic-con. Le he dicho «Hey Héctor, ¿qué tal? siento que te hayas tenido que comer mi caos…» y él me ha mirado con los ojos de huevo y ha dicho «Ya no hay caos, lo he ordenado todo.» He sentido deseos de darle una colleja con la mano abierta, pero sólo he sonreído y he dicho «ah…qué bien.»
Pobrecillo. No sé por qué me entran a veces esos instintos asesinos con la gente pluscuamperfecta. Supongo que porque yo soy un eterno subjuntivo.