Blanca rosa,
rosa blanca,
¿dónde la esgrima del beso?
¿Dónde el florete asesino
-pistilo de tus desprecios-
persiguiéndome en la noche,
sueño tras sueño, hasta el alba?
Deja que hinque en tu huerto
el rodrigón que sustente
tu deslumbrante hermosura,
blanca rosa,
rosa blanca,
hasta robarte el aliento.
Y libar en tu corola
-como un colibrí rebelde-
los colores de un te quiero.
Sentirte en mis sienes álficas
como el pálpito oriental
de una noche de bengalas,
blanca rosa,
rosa blanca,
sabiéndote fuego sacro
de mi amor en el destierro.
Blanca rosa,
rosa blanca,
en tus pétalos de nieve
están escritos mis versos.