El deporte les aporta paralelos, metonimias, traslaciones y referencias a la política, a los políticos y las actividades alrededor de éstos. Una gran parte del lenguaje deportivo se nutrió, en un principio –y sobre todo cuando comenzó la cobertura periodística– de la terminología bélica, jurídica, castrense y de los mundillos políticos. Con el tiempo fue a la inversa, y así no hay nada mejor para sintetizar un hecho político que un buen término del ámbito deportivo, y si es futbolero mejor.
Vemos por estos días ataques, contaataques, manos a manos. Hablamos de aquellos que buscan llegar a la meta, dar un salto, o que pegan primero o que rompen su propio récord. Está el clásico y están también los pesos pesados, los tribuneros y los veteranos. Vemos como algunos juegan el primer partido con las inferiores, para tantear al rival y al público, y en caso de derrota justificarse. El semillero puede ser salvador en todo sentido, ya que en muchos casos son también los que ocultan los rostros gastados, trillados y desprestigiados.
También vemos como la estrategia de quien dicen que va ganando es no jugar, no mostrarse, no atacar, y así tampoco, quizás, no necesite defenderse. Parece que la estrategia es apostar sólo a los errores forzados de su rival.
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