se llega a un punto en que es preferible pocear el corazón y echar agua



por ejemplo

hablar de ese perro que trabajó 25 años en una prisión de eternidad

de cómo flotaba su ataúd una Venecia del infierno

y  sin piedad

(la tuve antes

corriendo sus mantas por la nieve

cuando todos casi todos

cantaban junto al fuego)

a quién le importa

lo llamaba en el alba

le escribía cartas

perdón

se que para cualquiera es difícil

cortarse un brazo

alzar el mundo

detrás de la tristeza

nace la espada

nace el oro

ya fui detrás

así que…

el perro contemplaba

los altos rostros

mordía su mendigo

si dijera

hablaré de mi vida

entre coronas manchadas

no usaría esta fábula

la piedra entre dientes no

comenzaría así :

en montañas de error hice una casa grande

gritaban duendes

las ratas disertaban

el Señor dormía

levanté el telón cada mañana

cosía perlas

y ,etc.

se llega un punto no tanto de

la experiencia del universo

sino más bien de la necesaria respiración o la garganta oscura

en donde es preferible

ser necesario

indivisible

extraño

haya o no haya

con qué.