Aunque el árabe se ha impuesto entre las nuevas generaciones, los mayores hablan un perfecto español.
“Yo aprendí a leer y escribir en castellano con las cartillas españolas”, cuenta Bolan Jama, de 62 años, sentado en un café de la Avenue Hassan II, que antes se llamaba Calle Teniente Coronel Oro.
“Lahsen Rubio”, responde un ciudadano cuando se le pregunta por su nombre. “A mi padre los españoles le llamaban rubio. En el registro marroquí de habitantes posterior a 1969 había que poner un apellido y se quedó con ese”, explica este hombre de 61 años, en un excelente castellano.
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