Estoy recibiendo muchos correos electrónicos de internautas que se interesan por saber más de mis artículos de cómo escribir relatos y novelas, lo que quiero agradecer públicamente a pesar de que mis palabras fueron muy duras, y, la verdad es que no puedo decirles mucho más.
Mi abuelo materno Emilio González, cuando era un crío vivía en el campo y tenía muchísimo miedo cuando le mandaba su madre a por leña al monte y para conseguir no ir solo y que le acompañara un amigo suyo al monte le prometía que le iba a dar cinco higos si le acompañaba, se los iba dando uno a uno, poco a poco, y así, como el amigo tenía tanta hambre le seguía a mi abuelo como un corderito, y al regreso en la puerta del cortijo le daba el último. Las palabras de un relato son como los higos de mi abuelo: cebos de inteligencia.
Este relatito cortísimo me lo acabo de invertar, pero pudo pasar, parecer verdadero, esto es lo que hay que tener encuenta en el relato y en la novela, que te lo creas, pero a lo grande y con muchas más destrezas.

