Me hiciste amar la soleda, poblada por silencios, que vienen tras la ausencia de tus voces; la falta de palabras, entre los dos, ha unido nuestros espíritus, que se unen y hablan con el silencio, se unen a través de las miradas que tanto dicen y hablan, miradas lejanas de nuestros libidos tempranos, lo cual colma de paz y goces calmando mi alma, antes alocada, que yo ansiosa saboreaba, porque me sentía y presumía de liberada. El corazón, con tu silencio, ha encontrado la infancia, que había perdido en la fronda de los años. Espero y deseo no ahogarme más en el bullicio o alboroto de ese loco existir, que se había trocado en suplicio.., pues ¡ay! los desengaños me hicieron prudente y sabia.

