Nos acompañas
Sin que nadie te vea
nos alimentas
Sin que nadie te llame
nos concedes el sueño y la mañana fresca
Cada vez que te necesitamos
Cada vez que te miramos
Dentro de nuestras propias heridas
Madre eres de todos
Hermana e hija eres de los silencios
Señora y reina de las piedras
Compañera de los que no tienen nada
Morada serena de los abandonados
Torre de los desesperados
Abrazo de los que nunca pueden llorar
Palabra olvidada que nunca fue escrita
Pero nadie puede mirarte
Sin sentir que el mejor consuelo
El único remedio ante tanta soledad y olor
Son siempre tus ojos
Eres hoy y siempre madre
De todos los que no saben decir tu nombre
Y eres hermana de los que nunca tuvieron sueños
Ni pudieron dibujar su alegría en un espejo
En tus ojos nace la vida
En tus manos los niños pueden crecer y vivir para siempre
Antonio Marín Segovia
Benicalap – Valencia, a 2 de mayo de 2005

