PARA MI EL PÚBLICO SIEMPRE ES LO PRIMERO

Entrevista

La historia de la música de concierto en Las Tunas, Cuba, tiene un nombre. No es posible tampoco hablar de la guitarra sin que se mencione a esta persona que, concertista, compositor, pedagogo y promotor, cumple cincuenta y cinco años de vida artística y cuarenta y cinco apostando por la guitarra de concierto. Se llama aún Félix Ramos y su debut se produjo en la radio, a los cuatro años, de formal casual.

Yo pasaba por frente de la entonces emisora CMKG, que se encontraba en la casa que hoy habita Raulito Verdecie, camarógrafo y realizador de Tunasvisión. Iba de la mano de una de mis hermanas y en la puerta se encontraba Onelio Ferrales, que por entonces integraba un trío, que prácticamente era de la familia, muy allegado a mi casa y conocía de mi naciente vocación por el canto. El me llamó y me preguntó que si me atrevía a cantar y yo le dije que sí.

Buscaron una silla, porque no alcanzaba al micrófono y canté, ahí quedó una fotografía para la historia de este importante momento de mi vida artística. A partir de aquí Onelio se convierte, en la práctica, en mi guitarrista acompañante, pues mi padre trabajaba fuera y casi nunca podía asumir esa función.

Luego de ello, Mario Tórrez, por entonces administrador de la CMKT, Radio Circuito, actual Radio Victoria, que era muy amigo de mi papá, le plantea a él hacer un programa radial conmigo, como centro del mismo y así surge, patrocinado por la peletería La Central, propiedad del ya desaparecido Gerónimo Cepero Becerra, el programa del niño prodigio.

Claro, hoy, a la luz de nuestros tiempos, hay que decir que no había tal prodigio, sencillamente no era más que un niño que cantaba y lo hacía bien, pero eso lo hacen hoy miles de niños de nuestro país, lo que sucede es que en ese momento estaba en todo su esplendor la cadena de niños prodigio, que había surgido con Joselito en España, y cada país o ciudad pues quiso tener el suyo y a mí me tocó ser el de Victoria de las Tunas, que se llamaba así esta ciudad por aquel entonces.

El programa, que comenzó conduciéndolo Silverio Gutiérrez, hoy una de las voces identificativas de la Emisora Nacional Radio Progreso, llegó a tener una gran audiencia.

Mis padres llegaron a acumular varias decenas de cartas de los oyentes del programa, que se mantuvo en el aire algún tiempo, hasta que una resolución del ministro Ramón Vasconcelos prohibió la actuación rentada de los menores de edad en la radio, se dice que pro causa de un familiar, no recuerdo si hija o nieta, que no tenía condiciones naturales para el canto y por tanto no podía actuar, lo que parece haberlo llevado a esa conducta.

Casi paralelo a esto viene el Patronato Pro Arte en Las Tunas, que luego del estudio que sobre ello realizara la Msc. Sandra Mustelier, está considerado el movimiento cultural de carácter espontáneo más importante en toda la historia de la cultura en la actual provincia.

A él llego a través de tres de mis hermanas, dos o tres primas, de Alfonso Silvestre y Pablo Armando Fernández, que están entre sus fundadores, Nego Licea, profesora de música, mi primera profesora de canto en cuyo kindergarten recibí las primeras lecciones musicales y que formaba parte también, junto a Nelda Téllez, Rossano Zamora y el Dr. Pedrito Verdecie, entre otros, de la directiva de dicho movimiento.

Vino además mi integración al llamado Grupo Martiano del Colegio José Martí, dirigido por Doña Rita Orozco y Batista, que no sólo influyó en mí desde el punto de vista de la música, sino en el amor a nuestro Apóstol y a todos los héroes y mártires de nuestra patria, desde el indio Hatuey hasta nuestros días.

Creo que vale destacar que hice alrededor de 14 o 15 grabaciones de discos de acetato en Radio Circuito y Radio Angulo en la provincia de Holguín, donde fui invitado a actuar, ninguna de las cuales conservo hoy, pues mis hermanas las llevaron para el extranjero y unas se extraviaron y otras se perdieron.

La Guitarra de concierto llega en el año 1962.

En el año 1959 yo había concluido ya los estudios correspondientes al 7mo.grado, en el colegio José Martí, así como los estudios de mecanografía y taquigrafía y el 4to. Año de inglés con los hermanos Modesto y Nery Garrido. Comienzo los estudios de secundaria básica en la llamada Cucalambé No.1, al fondo de lo que es hoy el Ministerio de la Construcción, por la calle Lico Cruz. Viene el año 1961 y con él la Campaña de Alfabetización, a la que me incorporo como brigadista Conrado Benítez.

Es ahí donde me inicio en la guitarra. En el 62 recomenzamos las clases en la Secundaria Cucalambé, actual politécnico de gastronomía, mi padre me pone en manos de mi primo Luís Palacio, ya fallecido, a quien debo mi formación y comienzo de inmediato a hacer música de concierto, que compartí además con el rock, el jazz, en agrupaciones y la música coral, primero en el coro de la secundaria y luego en el Instituto Carlos Marx de La Habana.

De manera que en este 2007 cumplo 45 años dedicados a la música de concierto, aclarando que en mi hogar tuve un ambiente propicio para ello, pues desde muy pequeño tuve mis discos y un equipo reproductor.

La decisión de escoger la guitarra, ¿fue consciente?

Mi padre tuvo una verdadera obsesión conmigo y la guitarra y, como suele suceder en estos casos, mientras más él insistía, más me alejaba yo del instrumento. Recuerdo que una vez el llegó y me encontró con la guitarra boca arriba, en las piernas, sentado en el portal y me dijo que así no iba a llegar a ninguna parte.

Puede ser que aquello fuera una sacudida, y entre esto, la nostalgia durante mi permanencia en las Brigadas Conrado Benítez y la atención que empecé a prestarle al instrumento, me llevaron de forma consciente a cogerlo en mis manos, pero para aprender a tocarlo y no para jugar o pasar el tiempo como mismo lo hace uno con cualquier otra cosa.

De formació, eminentemente autodidacta, pero agradecido a unos cuantos maestros espontáneos.

Mi formación es eminentemente autodidacta, toda vez que jamás he puesto un pie en una escuela de música, y aquí tengo que retomar a mi primo Luís Palacio, pues mi padre tocaba guitarra y aunque hacía algunas cositas en ella, la vertiente que siempre trabajó fue la popular.

Y si bien di mis primeros pasos con él, no pasó inadvertido que lo que yo quería no podía facilitármelo, es ahí donde toma la sabia decisión de ponerme en manos de Luís, al que debo lo que hasta hoy he podido alcanzar en la guitarra y por supuesto en la música.

Luís trabajó conmigo con mucho amor, si una satisfacción, aunque triste, tengo hoy, es haberlo despedido el día de su muerte, con su guitarra y el primer vals de estudio que me enseñara, el cual mantengo activo en mi repertorio y siempre que lo toco es en homenaje a él, sé que donde quiera que esté se sentirá orgulloso de que yo lo haga, porque siempre vio en mi la continuidad de su obra.

Otros personas que me han ayudado en mi carrera artística, que no puedo dejar de mencionar, es Julia Rodríguez Batista y Amelia García Serviá, la primera ya fallecida, la segunda con más de 80 años, todavía con deseos de seguir haciendo música, mi amigo y compañero en el arte, el maestro Cristino Márquez, del cual en innumerables ocasiones he recibido útiles consejos, del profesor Crisanto Marrero.

Recuerdo también con mucho amor y respeto los consejos que recibí de José Carulias Becerra, Don Pepe Becerra, el hijo de Blanquita, que aunque teatrista, era un artista de un amplio espectro dentro del arte, de él sigo hoy uno de los consejos que me diera por la década de los 70, que es el de mantener mi estilo por encima de todas las cosas.

Te has definido como un romántico tardío, musicalmente hablando.

Siempre digo que soy un romántico bastante tardío, si recordamos que el Romanticismo se enmarcó en la primera mitad del siglo 19, aunque hoy muchos estudiosos convengan en que éste epiloga verdaderamente a finales de dicho siglo, con la música del gran compositor alemán Richard Wagner. El español Francisco Tárrega es también un romántico tardío, porque el nace en 1852.

En esto también influyó mi primo y su profesor José Sánchez Malagamba, muy amigo de mi padre, al cual tuve el privilegio de conocer y tratar en varias ocasiones en la década de los 60 en La Habana, donde residía. Luego me ocupé de estudiar mucho sobre su vida y obra, y en la sala de mi casa tengo una reproducción de una foto suya que me trajera el padre Antonio Godino Córcoles de España.

Tárrega fue quien llevó a la guitarra al trono de la música de concierto que hoy ocupa, a su muerte en 1909 la dejó en las célebres manos del insigne maestro Andrés Segovia.

¿Cómo decides lo que vas a interpreta?

En esto no paso mucho trabajo, ni lo pienso mucho, todo está en que me enamore de una obra y me ponga a trabajar sobre ella hasta lograr una versión que me guste y se avenga con mi estilo, con mi temperamento.

Esperaste muchos años para componer tus primeras obras.

En lo referente a la composición, siempre tuve el deseo de componer, pero sencillamente la musa no me bajaba, llegué a pensar en un momento que nunca lo lograría, me ponía a hacer cosas, pero una vez acabadas, cuando las tocaba, no me gustaba y sencillamente lo dejaba y nunca más volvía a tocarlo. De esa época sólo sobrevive el Vals de estudio en armónicos. Es a partir de los 90 cuando empiezo a hacer cosas que comenzaron a gustarme y comencé a tocar y a su vez empezaron a gustarle a la gente.

Vino Trémolo para Silvita, dedicado a mi esposa, una obra que ha tenido una gran aceptación y mantiene una aceptación siempre que la toco, el Preludio del Rosario, dedicado a ella por ser su segundo nombre, pero también a la iglesia, y el resto de las obras han sido dedicadas a mi familia, nieto, sobrina nieta, mis hijos, hermanos.

El amigo Jorge Tórrez, en una ocasión, en la televisión, me preguntaba por qué esa tendencia a dedicar las obras a familiares míos, y le respondí que porque eran mi fuente de inspiración, porque trataba de reflejar en la obra sus caracteres, su forma de ser y, para mi satisfacción, no son pocas las personas que han oído algunas de ellas y conocen la persona, que me han dicho que he logrado mi cometido.

Has sido testigo y cómplice de los nuevos valores que han surgido en la música de concierto de Las Tunas.

Los años traen cosas buenas, regulares y malas. Por ejemplo, una enfermedad es algo muy malo que puede aparecer con los años, pero hay otras que le resultan a uno muy buenas. Y te digo que, por ejemplo, yo disfruto ver hoy a profesionales muy buenos que vi crecer, formarse.

Es el caso de Aleyvis Arauz, destacada directora de nuestro coro de cámara Euterpe, Yeline Zamora, Judith Pérez, Ramón Carlos Leyva, director de nuestra magnífica orquesta de guitarras Isaac Nicola, a los que vi entrar a la Escuela de Arte y luego de graduados comenzaron su servicio social conmigo, cuando me desempeñaba como subdirector técnico del Centro Provincial de la Música Barbarito Diez.

El joven maestro Argibaldo Acebo, un excelente guitarrista, pero además una excelente persona, donde tuve el honor de ser miembro del tribunal de graduación de su nivel medio y hoy es mi colega en la Agrupación Provincial de Concierto y no quiero a un mejor compañero de faenas en el arte que a él, o a Norge Batista, a quien quiero como si fuera mi propio hijo, que se formó a nuestro lado y hoy es el más emblemático de nuestros trovadores.

Me viene a la memoria cuando Norge comenzaba su quehacer musical, su padre Juan Emilio Batista, mi amigo y conocido periodista de nuestra provincia, cuando un día se me acercó y me preguntó qué pensaba yo de Norgito.

Y aunque yo sabía por dónde venía la pregunta, pues ya a mis oídos habían llegado algunos comentarios sobre él, que si su voz, que si sus canciones, etc, tú sabes cómo es el mundo del arte, le dije que en relación a qué, y cuando él me dijo lo que ya yo había oído le dije que su hijo sabía lo que quería y hacia donde iba, que todo era problema de tiempo. Creo que convendrás conmigo en que el tiempo me dio la razón.