MI GETSEMANÍ (1)

{Al inefable San Pablo Apóstol, en su año Jubilar (2008-2009), con devota admiración… En especial, y en la Epifanía del Señor, para los amigos del alma y hermanos en la fe, los Poetas Místicos, Norma Segades Maniás (CRÓNICA DE LAS HUELLAS), César Actis Brú (MYSTAGOG

Relato

{Al inefable San Pablo Apóstol, en su año Jubilar (2008-2009), con devota admiración…

En especial, y en la Epifanía del Señor, para los amigos del alma y hermanos en la fe, los Poetas Místicos, Norma Segades Maniás (CRÓNICA DE LAS HUELLAS), César Actis Brú (MYSTAGOGIA POÉTICA) y Gregorio Echeverría (SEÑOR DE TODO), compartiendo junto al Portal de Belén y los Reyes de Oriente, el Maná de la Palabra…

Asimismo, en agradecimiento sustantivo a los amigos Oscar A. Agú, Alfredo Di Bernardo, Marcos Ana, P. Germán Saksonoff (C.O.), Marcelo Juan Valenti, Marcelo A. Murúa, y al recordado Rainer María Rilke (in memoriam), cuya sabiduría reflexiva abonó, como semilla dialéctica, el terreno mystagogo de este relato metafísico…}

{{CAPÍTULO 1 – Perdido en el Templo

I – En el Templo, estoy solo:}} “Súbete a una montaña elevada, tú que llevas la buena noticia a Sión; levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén. Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá; ¡Aquí está su Dios!” (Is. 40. 9.)

{{"Felices los que dan la vida por los demás.

(…)}}

… Y me detengo: porque Mi Roca observa. Tiene sus Ojos puestos en mí. Pronto dirá: “Éste es mi hijo muy querido. ¡Escúchenlo!”. Y las aguas del Jordán se agitarán de gozo y estupor. Sin embargo, me detengo…

… Ahora, interrumpo la lectura del Poema de mi amigo “Marcelo” y detengo los pensamientos que brotan de ellos, encapullados en una visión extraordinaria que dibuja mi lánguida figura, más adulta y barbada, sobre el perfil de una adusta Montaña; allí, una multitud me acoge con ansias, y memoro dicho Poema para proclamarles felices Bienaventuranzas…

… Sin embargo, en el Templo estoy solo (como Moisés, cuando mi Quien vino sobre su plataforma de lapislázuli (2) al Sinaí, brilló para ellos desde Seir; resplandeció desde el monte Parán y llegó a Meribá de Cades, desde el sur hasta las pendientes (3) … Y permitió que Moisés bendijera a mis doce hermanos y tribus de Israel, antes de morir: las de Judá, Gad, Aser, Nefatalí, Manasés, Simeón, Leví, Isacar, Zabulón, José y Benjamín)… (4)

… Sí, me siento solo aún rodeado de mis hermanos de raza; y cansado (como Moisés cuando subió de las estepas de Moab al monte Nebo, a la cima del Pisgá, frente a Jericó, y mi Quien le mostró todo el país en herencia: desde Galaad hasta Dan, todo Nefatalí, el territorio de Efraím y Manasés, el territorio de Judá hasta el mar Occidental, el Négueb, el Distrito y el valle de Jericó –la Ciudad de las Palmeras- hasta Soar). Solo y cansado pero lleno de esperanza en Quien todo lo puede y me conforta…

Y doce, como las tribus de Israel, también serán mis discípulos cuando, después de hoy, unos 6.500 soles se prendan y apaguen, dando color y sombra a todo lo viviente. Pero reservo sus nombres fuera de mi futura memoria, pues todavía falta para que mi hora llegue, y cambie el curso del tiempo y de la historia…

… Pero no ceso mis pensamientos y sentires porque sí. Mi reflexión se acota cuando la mente asoma, por la nocturna oscuridad de un Jueves lejano (que yo he transformado en Santo y Pascual), al umbral de otro Monte elegido: el de los Olivos, el de los perfumes con vapores de eternidad y vuelo de ángeles custodios. El de la cuarta tentación.

La tentación final donde deberé, finalmente, ante la irónica y maliciosa Mirada del Otro, tomar la decisión para la cual me he de venir preparando hasta entonces, ya transpuesto el umbral de Getsemaní, al otro lado del torrente Cedrón… (Y después, sólo horas después, ausente la Puerta de las Ovejas y la Puerta de los Peces, abierta de par en par la Puerta del Vía Crucis y de Efraín, subiendo por peñascos amoldados y envuelto en un paño tibio de sangre de cordero derramada, a estrenar el Gólgota para voces e imágenes, basílicas, pinturas y cielorrasos, cúpulas y naves, ensayos y narraciones, filmografía y televisión sobre lo que fue, y seguirá siendo, desde el principio y por el lento carril de las edades, hasta el fin de los tiempos…).

… Nadie lo sabrá. Nunca nadie sabrá que será ya en Getsemaní donde cargaré sobre mis espaldas todos los pecados, todos los errores, todos los horrores, la ignorancia, la violencia y la muerte del mundo… Dirán que fui el León de Judá y el retoño de David (5) ; y todos hablarán del peso de mi Cruz.

Muchos pensarán también que, en ese peso, yacía el dolor de todos los tiempos que Yo tendría que asumir para “hacer nuevas todas las cosas”.(6) Pero la Cruz sólo sería el medio de transporte, el Cósmico Trasladador que me enviaría hasta el propio Infierno a rescatar a los que venían esperándome, y con los cuales subiré nuevamente a la vida, engarzados ellos en mi corona de espinas (7) , para darles Vida Eterna (8) … Y, a partir de aquel gesto iterativo de transfiguración, ellos verán mi Gloria Resurrecta encarnada en nueva carne de inmortal, ya abierto el Portal del Belén de la Tierra y Cielos nuevos (9) ; pues, como una joya brillante, la Jerusalén trascendente (10) se mostrará -por un instante- a mis amigos, cuando Yo deba ascender al Padre (11) para atraerlos, en tiempo y forma, hacia Mí y hasta el seno de la Trinidad, hacia el fin de los tiempos…

(12) Porque está escrito: “En la Casa de mi Padre hay muchas moradas. Yo voy a prepararles una. Si no fuera así, Yo se los habría dicho”.(13) Pero ese consuelo en la Verdad, vendría luego. Hasta Yo debería entenderlo así. Desde Mí, todos tendrían que subir, alguna que otra vez en su existencia, al monte de los Olivos para vivir su intransferible Getsemaní… Porque ellos tendrán mi suerte. En sus vidas se repetirá mi historia.

Ellos deberán negarse a sí mismos, cargar la Cruz y seguirme como Yo he de seguir al Padre… También a ellos tocará orar, como a Mí, frente a las incontables situaciones de pruebas a las serán –necesariamente- sometidos para su libre santificación; orar al Padre, diciéndole, con lágrimas en los ojos y el corazón partido por la angustia del dolor justo (purificador) o injusto (de conversión): “Padre, si quieres aleja de mí este cáliz.

Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”… Algunos notarán el silbo de los ángeles custodios confortándolos; a otros, la ceguera del sufrimiento los arrebatará en ira, furia o desesperanza, y tendrán que orar más intensamente: “Padre, si quieres aleja de mí este cáliz.

Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”… Pero igualmente su sudor será como el de gotas de sangre que correrán hasta el suelo… Sólo así, ellos, mis amigos, cuando abra Yo los brazos en el Trasladador, y les infunda mi Espíritu con el aliento del último suspiro (14) , sabrán que, así como con libertad se los participó de la vida, también con libertad deberán aspirar a la Eternidad (15) (Así, Yo, Jesucristo, el Cordero que quita los pecados del mundo, seré su Pastor y los conduciré “hacia los manantiales de agua viva.

Y Dios secará toda lágrima de sus ojos”)(16) . Entretanto, deberán estar alertas, y seguir orando para no caer en la tentación… (17)

… Así hoy, ahora, hasta que el Templo se llene de murmullos extraños y de otros rezos, como aquel día, puesto de rodillas, meditaré parcelas de mi Misión y su Sentido.

Meditaré cosas que, por primera vez soy llamado, tensamente, a meditar… Porque atrás habrá quedado, a partir de ahora, la serena y dichosa niñez en Nazaret junto a mis padres… Meditaciones que, luego, y año tras año, seguiré profundizando como atento carpintero de papá, hasta el momento en que me toque afirmar: “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”(18) , y confirmar que: “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por Mí”. {{(19)

II – Dios hace hijos de las piedras:}} “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9, 1-9)

{{“Felices los que trabajan duro por la justicia anhelada. (…)}}

… El monte anochecido y enramado, pero con una bóveda celeste abierta y estrellada es otra visión que atemoriza y se vuelve, de pronto, figura del Templo Judaico por excelencia donde oro, junto al clamor de los rezos de los doctores de la Ley y sacerdotes judíos liderados por Gamaliel…

… Dicen que Gamaliel es un gran sabio y quien adoctrina, en los preceptos de la Antigua Alianza, a las almas de la secta farisaica con más prosapia de los tiempos de esclavitud romana. Dicen que despierta en sus escuchas, curiosos o entendidos, un fervor religioso especial, y libera soberano a todos los ecos del Templo con su vozarrón acústico y sentencioso.

Su prédica, firme y solemne, atemoriza; arredra, amedrenta, amilana e intimida, al mismo tiempo que eriza –de ese modo- los sentidos de todos sus oyentes; en especial de los otros niños, como yo, que oran, más que por el celo amoroso al Señor de los Ejércitos, por lo que luego sería un odio asesino hacia Mi y hacia los hijos de mi Rebaño…