Crítica de L’elisir d’amore. Donizetti. Piacenza

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Segunda edición de un proyecto al que Leo Nucci dedica muchos esfuerzos y tiempo, recortándolo a su inagotable e infatigable carrera artística. El ilustre barítono, asesorado por la innovadora y excelente directora general Cristina Ferrari en el Teatro Municipale de Piacenza, ciudad de la región Emilia Romagna muy cercana, por cierto a la capital lombarda Milán, se propone en calidad de docente y neo-regista, en pos de los jóvenes que intentan abrirse camino en el mundo de la ópera.

Camino difícil hoy en día por la crisis económica, pero no menos por una crisis de valores y un alejamiento progresivo de una tradición italiana del genero que, según Nucci hay que defender como patrimonio de la humanidad y nacional al mismo tiempo.

“Vamos por puntos“ declara Nucci alardeando simpatía arrolladora:

“1°) quiero rescatar a Nemorino. Un personaje tierno y enamorado reducido a menudo al rol del tonto del pueblo. El que canta “chiedi al rio perché gemente / dalla balza ov‘ebbe vita / corre al mar che a sé l‘invita / e nel mar sen va a morir“ no puede ser un imbécil: es un poeta!

2°) El Elixir termina con las palabras “Ciarlatano maledetto, che tu possa ribaltar“. Quiero con mi puesta en escena imaginar que acabo con todos los charlatanes… del teatro, y que gane el amor!

3°) En 1930 Giuliano Donati-Petténi autor del libro Donizetti, escribió: “El Elixir es una deliciosa fábula de que el genio latino bien firme y apoyado en la tierra desarrolla en situaciones placenteras con caracteres muy claros y decididos” esto es lo que yo quiero representar, un cuento con caracteres claros y decididos!

4°) Escribió Verdi en 1879 “Todos nosotros, Maestros, críticos y publico, hemos hecho lo posible para renunciar a nuestra nacionalidad musical. Hemos llegados en un punto que, un paso mas, y seremos “alemanizados” en esto como en muchísimas otras cosas”. Mi sueno es que el teatro de la opera italiana vuelva a ocupar el sitio que le corresponde históricamente. Lo hemos inventado nosotros, los italianos, y podemos reinventarlo si encontramos es orgullo y el respeto hacia nuestra historia artística. El mundo cambia, el progreso justamente no puede pararse, pero nosotros aun ensenamos al mundo entero estilo y buen gusto. Todo ello se puede leer con los ojos de la experiencia de hoy en día, pero sin usar “vulgaridad” despachándola por creatividad. Eso no es “renovar” el teatro. Es tan solo una moda mercenaria.

El País que ha inventado el Renacimiento, saliendo del Medioevo, debería ofrecer ideas de Su cultura, que está basada en la Cultura Clásica. Mi presunción y mi vanidad me llevan a sonar un Renacimiento todo italiano del mundo de la Opera Lirica, en el respeto de los textos escritos por los autores de la música y del libreto.”

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Parece una declaración de guerra, pero es que el artista -y con él buena parte del publico italiano- que ha sufrido de todo en las producciones de los últimos tiempos está listo para dar batalla.

Este Elisir, aun mas que la muy lograda Luisa Miller de la pasada temporada, es prueba de ello. Con una compañía joven -todos por debajo de los 30 anos- pero con la batuta segura y profesional, además que fantasiosa y musicalmente respetuosa, de Stafano Ranzani, otra garantía de director “a la italiana”, músico y ex asistente del grandísimo Gianandrea Gavazzeni, a su vez paladín de Donizetti y de la música italiana en general. La partitura se ha ofrecido, por primera vez en Italia, desde los tiempos de su creación creo yo, completamente integral: este es otro merito. Le ha seguido, obedecienndo gustos a sus ordenes, la brillante Orquesta juvenil “Luigi Cherubini”, otro crisol de elementos entusiastas y muy bien preparados.

Un doble reparto, formado todo por debutantes -algunos de ellos pisaban por primera vez un escenario de opera- seleccionado con audiciones y preparado con meses de trabajo colectivo, donde los interpretes, por frescura y lozanía vocal y física eran, de hecho, todos de un excelente nivel y credibilidad en escena: en la función del domingo día 12 de octubre se han apreciado la soprano Giuliana Giangaloni, Adina de bella línea musical y fácil al sobreagudo, con una luz de lirico y matices de sensible adherencia con el pizpireta, pero finalmente humano personaje, muy adecuados. El tenor Francesco Castoro, Nemorino de grata voz, un poco tímido en principio, pero que tras la “Furtiva lagrima” levantó el teatro con pedido de “bis” y gritos de “bravo”. El barítono Andrea Vincenzo Bonsignore, Belcore tan bien formado y bien cantado, con voz de calidad y buena escuela, que al finalizar la función vimos llorar de alegría al ofrecerle la directora Ferrari un contrato para el futuro Il turco in Italia: esas son satisfacciones! Muy bien por presencia, simpatía y adherencia tanto vocal cuan escénica el bajo/barítono Daniel Giulianini (23 anos!) cual Dulcamara y perfecta la Giannetta de la soprano Ludovica Gasparri que Nucci quiso imaginar como Gina Lollobrigida, la “bersagliera” del celebre filme neorrealista Pan, amor y fantasía.

Esta fue la clave de la regia, que trasladó la época en nuestro “renacimiento” moral y económico de la segunda posguerra mundial. Como en la película, esa en blanco y negro aquí con colores deslumbrantes y atmosferas encantadoras gracias a la magnifica iluminación de Claudio Schimd, nos encontramos en el campo. En este caso de la Pedanía, del norte de Italia: un fondo pintado tan realísticamente por el genial escenógrafo Carlo Centolavigna y su asistente Rinaldo Rinaldi que a muchos les pareció una proyección de una foto. Los montes, el rio, los arrozales: todo muy realístico. Un grande olivo (tenía que ser una encina, nos comentó el buen Leo, pero como se utilizaron restos de una escenografía regalada por el Teatro alla Scala, lo que llegó era una olivera!) y el suelo recubierto por el césped. En el bastidor a la izquierda del publico una “osteria” de antaño, con la señal del teléfono publico, del estanco y el cartel que anuncia en el cine del pueblo precisamente reposición de la película “Pan amor y fantasía”. En este ambiente único, se desarrolla toda la acción, con una genial ultimación del coro, el magnifico del Teatro de Piacenza dirigido perfectamente por Corrado Casati, donde cada elemento tiene su caracterización. Inolvidable la de una vieja ama de casa, vestida de negro y totalmente idéntica a la inolvidable Tina Pica “Caramella” en el filme, interpretada con humor y destreza por Federica Bartoli, hermana de la mas famosa Cecilia. Su cameo causó mucha risa y gracia entre el publico que, por el maquillaje, llegó a pensar que el interprete fuera un hombre.

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Mención especial merece el precioso vestuario creado por Artemio Cabassi, el que firma en su atelier trajes de gran gala para damas, pero que en esta ocasión supo “rebajarse”, con realismo singular y un cromatismo muy sugerente, al ambiente campesino: vimos a la sosia de Silvana Mangano en “Arroz amargo” con sus piernas esculturales, vimos un Belcore muy similar, por elegancia vistiendo el uniforme de gala de los Carabinieri, al inolvidable Vittorio De Sica, también sentado, por cierto, en la bicicleta con motor, el modelo “mosquito”, que cabalgaba en la película llevando a la Bersagliera sentada en el cano.

Todo coherente, todo alegre, todo eficaz: una dicha para los oídos y para los ojos.

Se repone en el Teatro Dante Alighieri de Ravena. Es de confiar y esperar que gire en muchos otros teatros, no solo italianos: para los extranjeros, hartos de tanta mamarrachada, sería de veras un bálsamo. Que digo bálsamo? El Elisir d’amore!

Adina: Giuliana Gianfaloni, Nemorino: Francesco Castoro, Belcore: Andrea Vincenzo Bonsignore, Dulcamara: Daniel Giulianini, Giannetta: Ludovica Gasparri. Director: Stefano Ranzani. Regia: Leo Nucci. Decorados: Carlo Centolavigna. Vestuario: Artemio Cabassi. Iluminaciòn: Claudio Schmid. M°del coro: Corrado Casati. Orquesta Juvenil “Luigi Cherubini”. Teatro Municipale, 12 de octubre 2014.

 Horatio Castiglione

 

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