Cernano el hontanar,
lejos la pena,
rezuma en mi la primavera ausente
que en retoños de amor de adolescente
alumbra con olor a hierbabuena.
La lira, con su
alegre cantinela,
confluye en el rumor de la corriente
y el cielo añil, surgido de la mente,
se amiga con el blanco y la azucena.
Que dulce es el
amor, que azul el cielo,
cuando la juventud está presente,
la arruga distanciada del recelo.
Que triste cuando se
aja nuestra frente.
Cantar, reír, soñar es lo que anhelo.
Y amar, amar. Amar eternamente.