No fueron los vientos del norte,
Inverné en este frasco de argento oxidado por mi propia voluntad.
Eso sí, siempre hay alguién que te empuja,
(Mis huesos torcidos como ramas enzarzadas)
En cuestiones de soledad la companía previa es indispensable,
Después sólo queda esperar,
sólo queda esperar.